El PSOE es el partido de Sánchez y no de Estado

Barcelona empieza a ser una ciudad sin ley por la huelga del Prat (que va en aumento y se extiende a más colectivos de trabajadores del aeropuerto), por el ataque a los turistas de grupos anti sistema de la CUP y por la ausencia y pasividad de la alcaldesa Ada Colau y del Gobierno de Puigdemont. El que acaba de anunciar que a finales de agosto aprobará la Ley del Referéndum y se situará fuera de la legalidad. Y ¿cómo defenderán la legalidad en El Prat y contra la turismofobia quienes no acatan la ley y la Constitución?

Y por si algo faltara en esta crisis catalana llega Pedro Sánchez y dice ahora que la Constitución Española no sirve y se tiene que reformar, con lo que dan argumentos a los secesionistas que afirman que Cataluña no cabe en nuestra Carta Magna y que por ello se quieren marchar.

De manera que el PSOE, en lugar de unir esfuerzos con el Gobierno, el PP y C’s en defensa de la legalidad y la Constitución, primero se pone de perfil ante el desafío catalán, y ahora, en las vísperas del gran desafío y cuando Puigdemont anuncia los preparativos para aprobar la Ley de Referéndum, Sánchez empieza a decir que nuestra Constitución no vale y que hay que reformarla para hacerles concesiones a los independentistas.

Actitud de Sánchez que da un espaldarazo a Puigdemont y demuestra que  el Partido Socialista no quiere ser un partido de Estado sino simplemente el partido de Sánchez. A sabiendas Sánchez que sus ideas de una España federal y plurinacional no interesan a Puigdemont y a sus aliados de ERC y la CUP, que ya están en el camino de la independencia. Como sabe Sánchez que su reforma constitucional es falsa por incumplible porque sabido es que ni el PP ni C’s apoyarán dicha reforma constitucional que propone el PSOE.

La situación política, económica y social de Cataluña avanza hacia el caos y ya veremos si también hacia enfrentamientos sociales y de orden público. De hecho los problemas de El Prat que, los independentistas pretenden usar como preámbulo de su campaña del referéndum del 1-O, y los ataques de la CUP y de sus antisistema al turismo parecen un ensayo general de lo que se avecina en el mes de septiembre.

Y en estas graves circunstancias y perspectivas lo peor que nos podría ocurrir es la división de los partidos constitucionales por culpa del PSOE donde Pedro Sánchez se inhibe y aleja de las cuestiones Estado y da la impresión que solo está interesado en quedar como cómplice silencioso de Puigdemont y Junqueras para poder contar en un futuro con los votos de PDeCAT y ERC -además de los de Podemos- si se le presenta una nueva oportunidad de investidura como presidente del Gobierno. Lo que no parece factible si Sánchez continúa por el camino que va.