Sánchez puede hablar con Puigdemont

La última vez que se vieron en el Palacio de la Moncloa el encuentro apenas duró cinco minutos pero esta vez el diálogo entre el presidente Mariano Rajoy y el líder de la Oposición Pedro Sánchez será más largo. Y distendido porque está de por medio la crisis de Cataluña y porque el ‘nuevo’ Sánchez quiere quitarse de encima la brusquedad de unas formas que alcanzaron su cima en el debate electoral cuando dijo a Rajoy: ‘usted no es una persona decente’.

Aquello fue un grave error que estuvo en el origen de las dos derrotas de Sánchez en las elecciones de 2015 y 2016, a lo que luego se añadió su temeraria y fallida investidura y su caída el 1 de octubre del liderazgo del PSOE.

Pero Sánchez ha vuelto y parece que más dialogante porque ahora dice reconocer la posición ‘institucional’ de Rajoy a pesar de la corrupción que señala a su partido. Helmut Kohl fue condenado por corrupción pero a su muerte recibió honores de Estado nacionales y europeos, y el PSOE de Felipe González fue condenado por la corrupción de Filesa y otras más, amén de la condena de los GAL y nadie de la dirección del PP le insultó.

Lamentablemente en España no se asumen responsabilidades políticas ni siquiera después de las condenas judiciales. Pero ahora estamos en otras cosas: en la salida de la crisis que avanza lenta pero segura y donde ahora el Gobierno hace guiños al PSOE con subidas salariales y relajación del gasto autonómico, y a C’s con la posible bajada del IRPF; y en la crisis de Cataluña donde los críticos con Rajoy se dividen entre los que quieren que se aplique ya el artículo 155 de la Constitución y los que creen que Rajoy debe llamar a Puigdemont y ofrecerle una salida alternativa al referéndum.

Sánchez habita entre estos últimos pero su fórmula mágica del Estado ‘plurinacional y federal’ no gusta a los secesionistas ni a españolistas y la reforma ‘territorial’ de la Constitución no tiene contenido ni fecha. Y aunque es cierto que Rajoy llega tarde al problema catalán, que debió abordar en 2012 en vez de calificarlo de ‘algarabía’, ahora estamos bajo el volcán del chantaje de Puigdemont al Estado y la amenaza descarada de violentar el Estatut y la Constitución.

Y en estas circunstancias ‘terminales’ e irreductibles ¿todavía cree Sánchez que cabe una negociación? Y si piensa que sí ¿sobre qué? El líder del PSOE debería explicar su posición y si cree que hay tiempo para un pacto nadie le impide a Sánchez trasladarse a Barcelona para hablar con Puigdemont a ver si consigue un compromiso viable y alternativo al referéndum ilegal.

Pero independentismo catalán se ha echado al monte (la CUP pide ahora nacionalizar la catedral de la Sagrada Familia de Gaudí para convertirla en un economato y un centro musical), el gobierno de Puigdemont está roto y nadie, en ERC y PDeCAT, se atreve a firmar la llegada al Parlament de la Ley Fundacional ni la convocatoria del referéndum ilegal del 1-O por temor a ser inhabilitados por la Justicia antes de la próxima cita electoral.

El tiempo del diálogo se acabó cuando Puigdemont declaró que ‘habrá referéndum (ilegal) si o si’. Y ahora añade que el Estado tiene miedo y que carece de fuerza para impedir la votación e incluso presume que ‘no habrá choque de trenes porque uno no saldrá’. Es posible que así sea en lo que concierne a su tren de cercanías’ pero el de alta velocidad del Estado ya está a punto de arrancar.

Mientras tanto es bueno que Rajoy y Sánchez hablen. Como hablan y más de lo que algunos se imaginan Iglesias y Rajoy y desde luego Rajoy y Rivera. Otra cosa son los pactos pero en Cataluña y el ámbito económico y social deben llegar como llegaron al inicio de la Transición. Lo que no tiene arreglo es la rebelión de Puigdemont contra el Estatut y la Constitución y quienes lo pueden parar son sus propios compañeros del PDeCAT antes que destroce este partido más de lo que está.