Puigdemont desvaría y hunde el PDeCAT

Mal momento ha escogido Puigdemont para presentar su llamada ‘Ley Fundacional’ de desconexión con el Estado antes o después (no se sabe aún) de su pretendido referéndum ilegal. El que su conseller Baiget dijo que no se celebraría porque en contra de los que afirma su presidente el Estado tiene mucha fuerza y él teme por su situación económica familiar. La CUP, enfurecida, había pedido su cabeza y Puigdemont se la ha cortado cesándoles de su cargo en el Govern.

Y como telón de fondo una encuesta sobre elecciones catalanas en el diario La Vanguardia que conviene mencionar recordando lo ocurrido en los últimos años en Cataluña. Por ejemplo: el  28 de noviembre de 2010 en las elecciones catalanas Convergencia i Unió (CiU) ganó los comicios con 62 escaños de los 135 del Parlament. En esa cita la izquierda catalana sumó 48 diputados (28 PSC, 10 ERC y 10 ICV-IU) y CiU con Artur Mas al frente de la Generalitat representó a la derecha moderada nacionalista y catalanista.

Seis años y seis meses después el PDeCAT, partido heredero de CiU que lidera Puigdemont desde la Generalitat (sin ganar las elecciones ni el congreso del partido) está en la siguiente situación según el sondeo de La Vanguardia: PDeCAT obtendría en las elecciones 23 diputados (¡60 % menos que en 2010!), empatado con C’s y detrás de ERC que lograría 43 escaños. El PSC sumaría 17 diputados, el PP y En Comú 12 cada uno y la CUP bajaría a 5 escaños.

Cuenta un dicho popular: ‘uno nunca sabe para quien trabaja’. Eso es lo que les ha pasado a Artur Mas y Carles Puigdemont con su secesionismo y también al conjunto de la burguesía catalana y a su poder empresarial -pequeño y grande- que conformaban la base política y social y electoral de CiU, ahora PDeCAT y reducidos a 23 escaños.

Un PDeCAT que entregará la Generalitat a la izquierda radical de ERC, En Comú y la CUP (suman 60 escaños) a los que se puede añadir el PSC (con 17) para superar la mayoría absoluta de 68 con un total de 77 diputados. O un PDeCAT que podrá sumar sus 23 escaños a un gobierno de Junqueras en compañía de ERC, En Comú y la CUP con 83 escaños.

Todo ello en pos de la proclamación unilateral de la República Catalana sin base jurídica, democrática y ni social lo que será impedido por el Estado y nunca reconocerán ni la UE ni los organismos internacionales. Y lo que por otra parte aumentará la fractura ciudadana en Cataluña y la tensión entre los secesionistas y el resto de España, acarreando graves problemas de imagen y económicos para Cataluña por la inseguridad jurídica que ello genera y que ya está causando estragos.

El Plan de Puigdemont tanto en lo que se refiere a su Ley Fundacional (de la Republica Catalana) como a su referéndum de autodeterminación ofrece, además de la violación del Estatut y de la Constitución, rasgos propios de regímenes autoritarios ajenos a las más elementales normas democráticas. Lo que además incluye un proceso constituyente asambleario sin una ley electoral y sin independencia judicial, acompañado de un referéndum sin un marco legal, ni censo fiable, ni Junta Electoral ni garantías de recuento.

En suma otro paso de Puigdemont contrario a la democracia, Europa y la legalidad como lo califican desde el Gobierno y un despropósito como lo valoran desde el PSOE. Y todo ello camino del hundimiento electoral de PDeCAT en el solo beneficio de ERC y de la izquierda radical catalana. Y ¿esa es la República asamblearia y dominada por ERC, En Comú y CUP que Puigdemont ofrece a los catalanes desde un partido que hace seis años y medio gobernaba Cataluña bajo las siglas de CiU?

En estas lamentables circunstancias no es de extrañar que antiguos votantes de CiU huyan de PDeCAT de cara a unas nuevas elecciones anticipadas -que serían las cuartas en menos de siete años- como las que seguramente se van a convocar cuando fracase y se caiga el andamiaje de un proceso para la independencia de Cataluña que no prosperará.