Fuego, Doñana y cambio de clima

No estaría de mal que, aparte de pelearse entre ellos, lo políticos de este país empezarán a preocuparse seriamente por el clima y la sequía que año tras año va creciendo en nuestro país y que algunos consideran pasajera. La que está en el origen de esa ofrenda al fuego de los incendios que solemos sufrir por estas fechas todos los años y que ya están aquí.

Hemos asistido a un demoledor incendio en Portugal en este tiempo de la larga sequía y de escasez de agua y ya tenemos el fuego a las puertas del parque de Doñana. Y puede que esté solo sea el primero de los incendios de un largo y cálido verano que sigue a una muy calurosa primavera cuando los pantanos y los cauces de los ríos están bajo mínimos y el poco agua que llega lo hace por la ruta de las tormentas que traen agua rápida y alborotada que se pierde con suma facilidad.

Los negacionistas del cambio climático dicen que esto no es alarmante, que es solo cuestión de ciclos y que todo se recuperará. Pero varios científicos que siguen la evolución del clima aseguran (se aprecia en el deshielo de los Polos) que el calentamiento de la Tierra es real y que la desertización crece en ciertos lugares del Planeta.

Y puede que algo así esté empezando a ocurrir en España donde ya se han detectado la presencia de algunas especies que son más propias del sur de Marruecos y del entorno del Sáhara. Pero nadie parece dar crédito a estos indicios como nadie parece inmutarse por la escasez de agua hasta que un día de estos suenen las alarmas.

Hay que reaccionar con tiempo y prevenir con un especial plan hidraúlico nacional que aborde los problemas actuales y las futuras contingencias. Y si el ciclo se recupera no perdemos nada por mejorar la situación y asegurar  un aprovechamiento máximo de nuestros recursos del agua que nos llega del cielo (las desaladoras han fracasado).

España necesita más pantanos, un moderno sistema de trasvases, cuidar los acuíferos y evitar que se pierda en el mar o bajo la tierra cada una de las gotas que traen las tormentas. Por ejemplo uno de los lugares de España donde más llueve al año es la sierra de Grazalemas y toda esa agua cercana al mar, al mar se va y solo una pequeña parte se aprovecha.

Y a no perder de vista -ya ocurrió algún año en la Costa del Sol- el riesgo de que la sequía dañe ciertas zonas turísticas que son emblemáticas en nuestra primera industria nacional. De manera que urge una política del agua para la que no se pueden escatimar iniciativas o Presupuestos porque ha llegado la hora de que se considere una prioridad.