Sánchez debe ocuparse de España, Europa y del PSOE

Mal ha iniciado Pedro Sánchez su andadura como reelegido secretario general del PSOE con un indiscutible triunfo político y personal. Porque por mucho que odie a Rajoy, que es el Presidente del Gobierno de España y eso lo tiene que respetar, Sánchez debe entender que echar al PP del Gobierno no es posible al día de hoy y que su prioridad como líder de la Oposición debe ser ayudar a España contra el desafío catalán, a Europa en el Brexit y consolidar la unidad del  PSOE que está cogida con alfileres. Y después de todo esto ya tendrá tiempo de pensar en su legítima ambición personal de llegar a La Moncloa.

Pero Sánchez ha empezado la casa por el tejado y de mala manera con su ‘España nación de naciones’, que ya tiene reflejos en el País Vasco con la iniciativa de Bildu y ELA en pos de imitar el referéndum catalán, y callando sobre el disparate de su compañera en la Ejecutiva socialista Nuria Parlon que quiere sacar al PSOE de la legalidad constitucional en caso de rebelión de la Generalitat contra el Estado.

Y mal ha empezado no apoyando el Tratado entre la UE y Canadá, lo que deja al PSOE en la marginalidad de los partidos y movimientos populistas europeos de extrema izquierda y extrema derecha.

Un asunto que ha dejado en evidencia -aunque por ahora sin ruptura- la debilidad que tiene Sánchez en los grupos parlamentarios socialistas de España y la UE, por más que controle la Ejecutiva y el Comité Federal de su partido. Lugar donde permanecen abiertas profundas heridas y un PSOE que no cuenta con medios afines e importantes de comunicación, como los que tienen el PP y Podemos, cuestión que debería preocupar a Sánchez.

Un Sánchez al que adorna una extraña ceguera que nubla sus estrategias de pactos políticos hasta hacer el ridículo que hizo en su fallida la investidura de marzo de 2016, encargo que nunca debió pedir al Rey sin previamente tener asegurado el resultado. Que fue lo finalmente hizo Rajoy cuando tuvo esos apoyos, y tras declinar y con razón un primer encargo inviable del monarca.

Lo asombroso de todo esto es que Sánchez no entiende que Iglesias nunca lo apoyará para que sea presidente del Gobierno. Ni lo hizo en la investidura de marzo de 2016 ni lo hará en una supuesta nueva moción de censura que además Rivera nunca apoyará. En este momento el primer enemigo político de Sánchez no es Rajoy sino Iglesias. Y puede que por ello se ha disfrazado Sánchez de izquierdista radical. Pero si exagera esa postura perderá por el centro de la política más votos de los que le puede quitar a Podemos.

Además su relación con Rivera -quien está subiendo en las encuestas- es imposible mientras Sánchez hable de nación de naciones y se aleje de la UE. Rivera ya pagó cara su novatada en la investidura de Sánchez en las elecciones del 26-J de 2016 y no se dejará arrastrar por un PSOE radical al que le quiere quitar votos del centro.

Por todo ello Sánchez se equivoca poniendo como prioridad su empeño en echar a Rajoy del poder. En primer lugar porque no lo conseguirá y luego porque ni Iglesias ni Rivera quieren pactar con él. Lo va a comprobar esta misma semana cuando se entreviste con ellos y entonces deberá cambiar su rumbo como el líder del PSOE y de la Oposición que es anteponiendo los intereses de España, de Europa y la reunificación del PSOE, y dejando para más adelante su ambición política y personal de llegar al poder porque La Moncloa puede esperar.