El triunfo de Rajoy y la ‘espantá’ de Sánchez

Lo decía Camilo José Cela y figura en su escudo de armas: ‘quien resiste gana’. Es lo que hizo Mariano Rajoy desde hace un año hasta conseguir la investidura del Congreso de los Diputados con el apoyo del PP, C’S y CC con una histórica abstención del PSOE que abre un camino inédito de entendimiento y pactos entre los dos partidos mayoritarios del país, el PP y el PSOE, conservadores y socialdemócratas.

Lo que nunca había pasado desde el inicio de la transición y lo que si debió de haber ocurrido durante los mandatos minoritarios de Felipe González (1993-1996) y de José María Aznar (1966-2000) con lo que España se habría ahorrado muchas concesiones de soberanía y saltos al vacío en Cataluña y el País Vasco.

Rajoy vuelve a ocupar la presidencia del Gobierno por su tenacidad y gracias a la abstención del PSOE que tiene la llave de la gobernabilidad del país aunque el PP ganó las elecciones. Un PSOE que, en definitiva, fue generoso con el interés general de España y actuó obligado por su propio interés porque las terceras elecciones hubieran sido pésimas para los socialistas y buenas para el PP y para Podemos.

Sobre todo por causa del desastroso liderazgo de Pedro Sánchez y de sus continuas derrotas electorales lo que acabó en un lamentable Comité Federal del PSOE del pasado 1 de octubre donde Sánchez fue derrotado y obligado de dimitir ofreciendo a toda España un penoso espectáculo que se convirtió en palanca definitiva para la abstención socialista y para evitar las nuevas elecciones.

Lo que permite afirmar sin margen de error que ‘gracias’ a Sánchez -o mas bien por su culpa- llegó la abstención del PSOE y la investidura de Rajoy. Un Sánchez huido del Congreso de los Diputados, donde dejó solos a quienes le siguieron en el ‘no es no’ (15 diputados de los 83 que ahora tienen). Y entre ellos 7 del PSC, lo que abre una crisis territorial del PSOE en Cataluña, mientras Sánchez anuncia que dará la batalla en las bases del PSOE para regresar a la secretaría general lo que parece imposible porque su herencia de contumaz perdedor y rompedor del PSOE no se lo permitirá.

En cuanto a Rajoy tenemos que decir que su triunfo político y personal es incontestable. Así se lo reconoció Pablo Iglesias subrayando su valía política por haber aguantado las presiones que recibió para que dejara el sitio a otro candidatos del PP. Aunque en esta legislatura Rajoy va a tener que hacer acopio de paciencia y de nuevas maneras de gobernar distintas a las de la pasada legislatura donde, de manera innecesaria, rompió muchos puentes con la oposición creyendo que las mayorías absolutas son eternas lo que no es verdad como acaba de comprobar.

Un Rajoy también que en su último discurso en la investidura lanzó un aviso a sus actuales aliados –sobre todo al PSOE- de la oposición para advertir que esta no es una ‘investidura desnuda’, sino que obliga a un gobierno estable y duradero al tiempo que decía que no cambiará el grueso de sus políticas económicas e insistiendo en que necesitará los Presupuestos de 2017 en pos de la convergencia fiscal con la UE que, en su opinión, son imprescindibles para la estabilidad del gobierno.

El que el presentará el próximo jueves y cuya imagen y alcance dará una idea de lo que Rajoy está dispuesto o no a cambiar. Tenemos, pues, un presidente ya investido –solo pendiente de la firma del Rey Felipe VI- y a partir del jueves un gobierno en plenas funciones. Y eso es una excelente noticia para España (y la UE), como han sido los pactos de investidura y la abstención del PSOE. Partido que ahora debe curar sus heridas y rehacer su liderazgo, pero todo apunta a que no con las prisas que pretende Sánchez para intentar el regreso y justificar sus fracasos y su lamentable ‘espantá’.