Sánchez, problema nacional y lastre para el PSOE

Pretender un acuerdo político y de Estado entre los dos grandes partidos nacionales que lideran Mariano Rajoy y Pedro Sánchez para la formación de un nuevo Gobierno durante el encuentro que ambos dirigentes van a celebrar hoy en vísperas de la investidura es algo imposible. Sánchez ya quemó sus naves en las elecciones del 20-D con su insulto a Rajoy y ha convertido su agresión a propósito de la corrupción del PP en su escudo para mantenerse al frente del PSOE. Y en su báculo con el que tantea a ciegas un Gobierno de izquierdas más los nacionalistas secesionistas como su última oportunidad y maniobra para, en su caso, salir del liderazgo de los socialistas por la puerta de la izquierda.

Sánchez, pues, ha convertido la política nacional en una cuestión personal. Y ello va impedir que el próximo viernes día 4 España pueda tener un Gobierno sobre la base de los 150 acuerdos hallados entre Mariano Rajoy y Albert Rivera, 100 de los cuales ya figuraban en el anterior pacto de Rivera con Sánchez en la anterior y fugaz legislatura.

El pacto de investidura entre PP y C’S ha concluido bien y anuncia que en la sesión de investidura del martes día 30 Mariano Rajoy se presentará ante el Congreso de los Diputados con 170 votos favorables, a solo 6 de la mayoría absoluta y a 11 abstenciones o ausencias de la mayoría simple. Sin embargo todo apunta a que el PSOE bloqueará la formación del nuevo Gobierno por intereses personales de Pedro Sánchez y por su táctica electoralista ante la proximidad de las elecciones vascas y gallegas en las que Podemos y sus aliados (Mareas en Galicia) darán un doble sorpasso regional al PSOE.

Todo ello anima a pensar que, tras estas elecciones del 25 de septiembre, habrá otra oportunidad para investidura, no descartada por Rajoy, a fin de evitar las temidas por todos terceras elecciones generales si para entonces el PSOE ha reflexionado y retirado su ‘no es no’ al PP provocando un vuelco en el Comité Federal de este partido. Algo que Sánchez pretenderá evitar en el debate de investidura con un ataque frontal y personal a Rajoy en línea con la agresividad que sobre corrupción exhibió en el cara a cara televisado de antes de los comicios del 20-D cuando le llamó ‘indecente’ a Rajoy.

Un insulto que desde entonces ha condicionado la política de pactos del PSOE, que azuza Podemos y que Sánchez utiliza como escudo para permanecer al frente de la secretaría general. Pero que, por otra parte, coloca al Partido Socialista fuera de su responsabilidad de Estado e institucional, mientras Rajoy continúe al frente del PP donde seguramente seguirá al menos hasta que sucumba Sánchez como líder o candidato del PSOE en caso de terceras elecciones.

Albert Rivera, que ha hecho un excelente trabajo negociador y conciliador para que España logre un Gobierno y se eviten las terceras elecciones (que nada convienen a C’S), ha hecho un llamamiento al PSOE para que deje gobernar al PP y para que lidere una dura y estricta oposición al nuevo Gobierno de Rajoy en una legislatura donde el poder Legislativo tendrá un protagonismo nunca visto en la Transición.

Pero ni el interés general de España, ni el propio del PSOE, ni cualquier tipo de reflexión sobre la importancia de liderar la Oposición en esta legislatura (si hubiera valorado esto habría conseguido la presidencia del Congreso para su partido) son cosas que interesan a Sánchez. El secretario general del PSOE solo está interesado en su presente y futuro personal, y ello puede tener un alto coste para España y también para el Partido Socialista donde sus líderes (Susana, Vara, Page, Lamban, Caballero, etc.) regionales guardan un ruidoso y cómplice silencio, quizás porque están a la espera de su momento propicio para acabar con el demencial y fracasado liderazgo de este Sánchez que se ha convertido en lastre para el PSOE (es una máquina perfecta para perder elecciones) y en un problema nacional.