De Múnich a Cleveland pasando por Madrid

Cuando todavía no habiamos salido del estupor que ha producido la matanza terrorista de Niza, en un centro comercial de Múnich un joven alemán-iraní de 18 años ha matado a varios ciudadanos, herido a otras muchos y se ha dado a la fuga tras sembrar el terror en unas horas sobre las que el Gobierno alemán de Angela Merkel no dio en tiempo real la información de la que disponía, lo que ha provocado mayor confusión y miedo entre los habitantes de Múnich a los que se pidió que no salieran de sus casas.

Cuando el atentado de Niza escribíamos en estas páginas: ‘nadie está a salvo’ de esta oleada de terror que emana de las guerras de Siria e Irak. Y lo de Múnich confirma la predicción. Entre otras cosas porque sigue en pie el Califato Islámico, una vez que los ‘aliados’ de los gobiernos de la zona -el llamado frente anti Daesh, o el frente de la OTAN- no echan pie a tierra y los ataques aéreos carecen de la eficacia necesaria para derrotar al Estado Islámico del terror. El mismo que los aliados dicen que tener acorralado, al tiempo que justifican los últimos atentados en la UE como los coletazos de un monstruo furioso y moribundo.

Y en estas estamos cuando en los Estados Unidos Donald Trump acaba de ser aclamado en la Convención del Partido Republicano que se ha celebrado en Cleveland como candidato a las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre. Un Trump, millonario y disparatado, que se presenta como la voz del pueblo y un político de ‘ley y orden’ que piensa luchar contra las ‘élites’ -a las que él pertenece- en defensa de ‘la verdad’, que según Trump ocultan y manipulan los grandes medios de comunicación.

El mismo Trump que dice eso de ‘primero América’ y luego lo demás y que advierte a los aliados de la OTAN que USA pagará menos y que no se meterá en guerras ajenas. Y que allá los aliados europeos con sus problemas, sin entender que esos aliados son los pilares del liderazgo que los Estados Unidos mantienen en el mundo sobre la base de su potencial económico y poderío militar.

Lo malo de Trump no es su demencial discurso político sino el riesgo de que salga elegido presidente por su capacidad de inundar, con sus disparates, todos los grandes canales de televisión a los que él critica, mientras que a su adversaria Hillary Clinton -a la que los seguidores de Trump quieren meter en la cárcel (sic)- le cuesta mucho aparecer en las portadas de los medios de comunicación.

Trump es un problema añadido para la Unión Europea porque lo que ha ocurrido en Niza y sobre todo en Múnich pronto se va a relacionar con los problemas de la inmigración y de los refugiados que vienen de Siria. Y esta cuestión de la inmigración que tanto éxito ha tenido en el Brexit británico es uno de los temas preferidos de Trump, así como de la extrema derecha de la UE, que no cesa de crecer en Austria, Francia, Holanda y ahora en Alemania.

Al fondo de este inquietante panorama, del que tampoco podemos olvidar el golpe y el contra golpe de Turquía, los españoles parece que estamos de espectadores como si nada de esto tuviera que ver con nosotros lo que no es verdad. Y lo que es peor los españoles vamos camino de las vacaciones de verano, con un gobierno interino y sin que nuestros dirigentes políticos estén a la altura de las circunstancias externas e internas que nos rodean y nos afectan de manera especial.

De ahí la importancia de la ronda de consultas que el Rey Felipe VI abrirá el próximo martes para explorar el camino de la investidura de un presidente de Gobierno y de la formación de un Ejecutivo estable que pronto se ponga a trabajar. Pero que no se engañe esta clase política de salón, que ya ofreció un penoso espectáculo en la pasada y breve legislatura, porque a la vuelta del verano los ciudadanos de a pie reaccionarán de manera contundente y decisiva si, por la ausencia de los pactos de gobierno, vamos hacia unas terceras elecciones que nadie dice querer y que al día de hoy todos se dedican a propiciar. Y cuidado con el Califato, porque nadie está a salvo y volverá a atacar.