El Rey no debe proponer un candidato a la investidura si no tiene los apoyos necesarios

Rey y Ana Pastor

Concluida la constitución de las Cortes, comienza el turno de consultas del rey Felipe VI para que el monarca explore con los líderes políticos la formación del nuevo gobierno con la propuesta de un candidato a la investidura de presidente del Ejecutivo. Sin embargo esta vez y dado lo ocurrido con el proceso de investidura en la anterior legislatura, el Rey no debe proponer a la investidura a ningún candidato que previamente no cuente con apoyos necesarios para salir elegido y formar gobierno.

Por lo tanto es el Rey quien debe asumir la responsabilidad de elegir un candidato con posibilidades ciertas de ser elegido y no debe, como hizo en el anterior proceso, proponer de manera automática al que fue ganador de las elecciones, como lo hizo con Mariano Rajoy quien, con acierto, declinó la propuesta al no tener los apoyos suficientes para salir elegido en el Congreso de los Diputados.

Por el contrario, sí hizo bien el Rey al proponer a Pedro Sánchez para la investidura porque el candidato socialista, de manera temeraria y sin decir la verdad, le comunicó al monarca que estaba en condiciones de reunir una mayoría suficiente de apoyos en el Congreso para ser investido presidente lo que resultó falso como demostró la votación del pasado 4 de marzo.

A lo más, si ningún candidato se declara en condiciones de salir airoso en la investidura -cosa que ya conocerá el Rey una vez que concluya su primera ronda de consultas-, el monarca debería aplazar hasta una nueva ronda de consultas la propuesta de candidato a la investidura en pos de que algún candidato logre el consenso pertinente que permita la elección del nuevo presidente del Gobierno.

Así deben hacerse las cosas en una Democracia Parlamentaria como la española en la que el partido ganador de la elecciones y su líder no han de ser necesariamente -en ello se equivoca el PP- quienes lideren el Ejecutivo si los otros partidos que no ganaron las elecciones consiguen aunar una mayoría que les permita presidir y formar el nuevo gobierno.

Como esto es así esa misma situación exime al partido ganador de las elecciones y a su líder de tener que presentarse obligatoriamente a la investidura para fracasar en el intento. Y en consecuencia poner en marcha el reloj de unas nuevas y terceras elecciones como ocurrió con el fallido intento anterior de Pedro Sánchez.

El mismo líder del PSOE que pretendió inútil y ‘fraudulentamente’ obligar a Rajoy a presentarse a la investidura en la pasada legislatura para dejarlo en evidencia y justificar el que luego fue su demencial y posterior intento de investidura en el que Sánchez con los solos votos del PSOE (90) y Ciudadanos (40) se quedó a 46 escaños de lograr la presidencia y condujo el país a las elecciones del 26-J.

Un Pedro Sánchez que, en pésimas relaciones con el PP y Podemos, se ha instalado en el bloqueo e inmovilismo del PSOE que le hizo perder la presidencia del Congreso de los Diputados. Y un Sánchez que regresa al discurso imperativo de que Rajoy debe presentarse a la investidura aunque no tenga apoyos suficientes lo que constituye una falacia en un sistema parlamentario como el nuestro, carente de toda base jurídica, política y constitucional.

Y no solo eso. Semejante actuación de concurrir a una investidura sin apoyos necesarios sería un fraude democrático que a buen seguro los ciudadanos castigarán en unas nuevas elecciones. Así les ocurrió al PSOE y C’S después de ir juntos a la investidura para perderla y provocar los segundos comicios en seis meses. En el caso que nos ocupa estaríamos en una situación similar con mayor motivo dada la grave crisis institucional, económica y social que atraviesa el país, máxime si por ausencia de pactos España avanza hacia unas terceras elecciones generales en menos de un año.