Cataluña: juntos por el caos

Si España está mal por la incertidumbre y la inestabilidad política que planea sobre las nuevas elecciones generales del 26-J, Cataluña está peor porque a la crisis abierta por el independentismo se suma ahora la inestabilidad del Gobierno de Puigdemont, y el riesgo de elecciones anticipadas. Las que serían ¡las cuartas! en los últimos seis años lo que aumentará la inestabilidad y la crisis económica catalana que ya tiene repercusiones internacionales dado que sus bonos de deuda cuentan con el rango de ‘basura’ en las llamadas Agencias de Calificación.

El origen de la nueva crisis política catalana está en el veto de la CUP a los Presupuestos de Cataluña tras acusar al Ejecutivo de CD y ERC (‘Juntos por el sí) de bloquear el ‘proceso’, porque Puigdemont no se atreve a desbordar el marco constitucional como exige la CUP en sus debates asamblearios donde gestionan las posiciones secesionistas y anti sistema como impusieron la expulsión de Artur Mas.

Y ahora se lamenta Puigdemont de haber entregado la cabeza de Artur Mas a la CUP (‘Roma no paga traidores’) a los califica como desleales, mientras la CUP se proclama corresponsable de la situación pero no culpables. El caso es que Mas está acabado y Puigdemont en la pista de despegue hacia nadie sabe donde. De momento y para ganar un poco tiempo anunció una ‘moción de confianza’ para el 25 de septiembre y si de aquí a esa fecha no hay un acuerdo con la CUP habrá elecciones generales antes de final de año.

En realidad, los de la CUP, tras los que se esconde Junqueras, van a por Puigdemont. Y los de ERC que se perfilan como los triunfadores de los nuevos comicios en menoscabo de Convergencia (o DiL). A los que en el nivel estatal las encuestas de los comicios del 26-J les anuncian una debacle del 25 % de sus votos (del 23 % al 17 %) en relación con las elecciones generales del 20-D. Lo que confirma el deterioro galopante de CD, a la que por otra parte le está llegando la hora judicial de la corrupción del 3%, los Pujol y el desacato al Tribunal Constitucional.

Por todo ello la burguesía moderada y conservadora de Convergencia (o de la anterior CiU) no da crédito al caos imperante en ese país, bajo el escaso liderazgo Puigdemont y tras la caída y los disparates de Artur Mas. Un Puigdemont que lejos de avanzar en pos del independentismo lo puede enterrar con ayuda de ERC. El partido de Junqueras que se perfila como el nuevo líder de Cataluña, lo que constituye otro ‘éxito’ (sic) del proceso independentista catalán liderado por Artur Mas y jaleado, financiado y amparado por lo mas granado de la burguesía empresarial y financiera de Cataluña.

Un sector este de las clases medias y altas catalanas que hace pocos años apoyaba a CiU y que ahora ha entregado el poder a ERC la que a su vez tiene como principal aliado a los extremistas de la CUP. Y todo ello mientras Convergencia se hunde y se desmorona al tiempo que se desinfla en disputas internas el proceso secesionista catalán al que los ciudadanos de a pie acabarán culpando del caótico panorama social.

No en vano esta vez nadie podrá culpar a España de los líos internos de los políticos independentistas catalanes y de sus consecuencias para el conjunto de la sociedad catalana. Al final ‘Juntos por el sí’ se convirtió en ‘Juntos por el caos’, mientras en la lejanía y desprestigiados quedan los principales culpables del embrollo: Artur Mas y Jordi Pujol.