El CIS, las cuentas y los impuestos

Los responsables del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no tienen vergüenza. Se les pregunta que cuándo van a hacer pública la encuesta sobre las elecciones del 26-J y dicen, cuando apenas faltan unos pocos días, ‘que todavía no lo saben’ (sic). Y eso que son varios los ministros del Gobierno en funciones que ya andan haciendo circular por Madrid algunos de los resultados del sondeo que imaginamos que ahora tienen metido a fuego lento en la cocina de la Moncloa para dejar contento al PP y meterle un susto en el cuerpo a los electores y a todos los demás.

En este país la democracia es una quimera y buena falta hace que se produzca no ya un cambio sino un vuelco de la situación para que se acaben maniobras orquestales en la oscuridad como las del CIS y para pongan de patitas en la calle a sus primeros responsables empezando por el tal Félix Requena. El que, a estas alturas de la precampaña de los comicios del 26-J, todavía dice no saber cuándo hará público el sondeo electoral que pagamos todos los españoles.

Lo mismo se debe hacer con el gobernador del Banco de España, otro listo el tal Linde, que se ha colado por su cuenta y riesgo en la campaña electoral metiendo miedos y advertencias sin que nadie le haya dado vela en este entierro. O en estos inútiles comicios de los que van a salir unos resultados muy parecidos a los del 20-D y en los que la única novedad que se espera es la del posible ‘sorpasso’ de Podemos sobre el PSOE, que los del CIS querrán desinflar, no se sabe con qué intención: si para ayudar a Podemos o al PSOE. Será lo que más le convenga al PP.

Mientras tanto los partidos se han tomado esta semana para presentar sus programas electorales con sus respectivas memorias económicas. Y ¡oh casualidad! A todos les salen las cuentas y todos rebajan impuestos, unos de IRPF y otros de IVA y alguno de los dos. A la vez que todos les suben los impuestos ‘a los ricos’ -que no pagan impuestos- y prometen millones de nuevos puestos de trabajo públicos y privados, y muchas cosas más que no van a cumplir ninguno de ellos.

Entre otras cosas porque, como harán falta pactos para gobernar, los partidos que entren en coalición tienen que renegociar sus programas o fusionarlos para finalmente dividirlos por dos, renunciando a varias propuestas los unos y los otros.

En realidad apenas hay novedades en los programas de esta campaña electoral respecto a la de diciembre del año pasado, porque solo han pasado seis meses. Y además a todos les salen las cuentas del déficit y entre lo que se gasta y lo que se ingresa y de manera muy especial en lo que se ingresa porque todos, o casi todos, anuncian que acabarán con el fraude fiscal, como si eso fuera tan sencillo.

Para empezar que se anden con ojo los promotores de impuestos a granel para las grandes empresas porque muchas de estas empresas ya se están pensando trasladar su domicilio fiscal a otros países de la UE lo que sería legítimo y natural. Y lo mismo ocurre con ciudadanos de a pie a los que les quieren apretar el cinturón hasta el último agujero por lo que algunos han fijado residencia en Portugal. Porque si se suben los impuestos ‘a los ricos’ y se van ‘los ricos’ entonces ¿cómo se sufraga el aumento del déficit y del gasto público? Pues con un milagro que nadie está en condiciones de garantizar. Prometer es gratis pero gobernar es harina de otro costal.