La UE le exige a España un Gobierno para ajustar el déficit

Está claro que España no puede seguir así, sin un Gobierno ni proyecto político y económico para el país, ahora que se está agotando la inercia de la recuperación económica y que se vislumbra el riesgo de recaer en la recesión por falta de estabilidad política y de estímulos económicos, ahora que la inversión extranjera en España está congelada a la espera de las resultados del 26-J por temor a la falta de pactos de gobierno y a un Gobierno de izquierda con la presencia de Podemos.

Así se ve en España (que acaba de superar en deuda el 100% del PIB) y en la Unión Europea desde donde nos llegan mensajes de exigencias y advertencias muy serias como las que ayer lanzó la Comisión europea para que nuestro país ponga en marcha un nuevo ajuste del déficit que en los próximos dos años debería llegar a los 8.000 millones de euros. Para, de esa manera, acercarnos paso a paso y con un año de retraso y bonificación a la convergencia con el déficit establecido por la UE que ha de quedar a finales de 2017 por debajo del 3%.

El pasado año el Gobierno de Rajoy consiguió reducir el déficit pero no cumplió con las promesas hechas, y se dice que por la bajada del IRPF como guiño electoral del PP para la campaña electoral del 20-D. En el 2015 España quedó en el 5,1 % del déficit en lugar del 4,2 % al que nos habíamos comprometido lo que por otra parte nos impide lograr el 2,8 % a finales de 2016, para alcanzar España el objetivo de la confluencia con los países del euro.

Ahora nos han dado un año de prórroga para ver si conseguimos que a finales de 2016 el déficit español se quede en el 3,7 % y en 2017 en el 2,9 %. Un duro y difícil camino que exigirá más sacrificios a lo largo de la próxima legislatura. Lo que por otra parte significa que necesitamos un gobierno fuerte estable y con una amplia base parlamentaria.

Lo que va a obligar a difíciles pactos de gobierno entre los tres partidos constitucionales y comprometidos con la UE como son PP, PSOE y C’s pase lo que pase en las elecciones del 26-J y lo que luego ocurra con sus dirigentes políticos. Porque, probado está, que no parecen dispuestos a ponerse de acuerdo entre sí. Pero esta vez, una vez que se conozcan los resultados del 26-J, los ciudadanos no van a permitir desencuentros. Al contrario más bien van a obligar a los dirigentes políticos a un pacto de estabilidad una vez que están en juego muchas cosas y entre otras la recuperación económica y del empleo en España. Amén de reformas que son imprescindibles y de respuestas unánimes y decididas contra los desafíos que amenazan la unidad de España.

Naturalmente los resultados electorales serán determinantes a la hora de dibujar los pactos, y de entre ellos se espera con interés el ver que va a ocurrir con los dos grandes partidos nacionales PSOE y PP una vez que Podemos ha pactado con IU y pretende erigirse en segunda fuerza nacional.

De igual manera habrá que ver qué pasa con los liderazgos de Pedro Sánchez y Mariano Rajoy a partir del 26-J. Porque entre las pésimas relaciones de ambos está la clave del bloqueo político español. Y si el PP no progresa y el PSOE vuelve a bajar, a la mejor la solución que se deriva sea la retirada de ambos líderes para facilitar la gran coalición, en el beneficio del interés general. Pacto en el que Ciudadanos podría colaborar de manera determinante a pesar de que sus escaños no sean definitivos para gobernar.

En todo caso este país no puede ir a unas terceras elecciones seguidas y consecutivas porque eso nos conduciría a una grave situación. Como bien lo saben en la UE donde nos dan una prórroga -y aparcan multas por incumplimiento del déficit de 2015- con la intención de ayudar para que España encuentre Gobierno y estabilidad.