El golpe de estado lo da Maduro

No sabemos a qué va Zapatero a Venezuela en medio de la crisis actual y cuando los líderes de la oposición permanecen en la cárcel solamente por oponerse al disparate autocrático del tal Nicolás Maduro. El que, por lo que se ve, más que un mediador entre presidente y la oposición lo que busca es una provocación para justificar la intervención militar. Es decir el autogolpe de Estado desde la presidencia del Gobierno con grave riesgo de enfrentamiento civil a lo largo y ancho del país.

Y no importa que el presidente de Venezuela Nicolás Maduro insulte a España, a nuestros gobernantes, dirigentes políticos y a los medios de comunicación porque a Maduro lo desmiente todos los días la cruda e incontrolable realidad de un país en quiebra económica, social y moral donde: no se respetan los más elementales Derechos Humanos, se acosa y encarcela a líderes de la oposición, se ataca la libertad de expresión y se desvirtúan los procesos electorales y la vida parlamentaria a través de abusos y decretos presidenciales y del control de la Justicia.

Al final el golpe de Estado del que tanto habla Maduro, que dice estar instigado por Estados Unidos, Colombia y España, quien lo está dando todos los días desde la presidencia de la República es el propio Maduro en contra de Venezuela y de sus ciudadanos. Ahora acaba de decretar el ‘Estado de excepción’ para arrogarse más poderes de los que tiene y ha movilizado al Ejército para unas maniobras de amedrentamiento de la población cuando se esperan movilizaciones a favor del referéndum para la destitución de Maduro, que él anuncia que nunca se celebrará.

Maduro es un pésimo imitador de Chávez, al que no le llega a la altura de los zapatos y al que dice escuchar a través de pajaritos que le cantan al amanecer, y que no sabe gobernar ni administrar el país, menos aún cuando a Venezuela se le ha caído el precio del petróleo a los pies y con ello el tinglado de la falsa revolución bolivariana. La que acabó dejando a millones de personas sin luz, o sin alimentos y medicinas, en medio del desconcierto y la desesperación generalizada y de una violencia sin fin que ha convertido Caracas en la ciudad más insegura del mundo.

Esa es la realidad del país venezolano que conoce todo el mundo y que transmiten medios de comunicación españoles, americanos, europeos y de todo el mundo. Y puede gritar Maduro, insultar o mentir porque eso de nada le va a servir en el mundo comunicado en el que vivimos y donde Internet se ha convertido en fuente de información imposible de controlar ni por la represión política, como tampoco puede Maduro controlar la inmensa corrupción de su personal régimen de poder y de muchos de sus colaboradores.

La pregunta que se plantea es la de cuándo se va a marchar Maduro y si se van a convocar elecciones presidenciales y legislativas con todas las garantías democráticas y en libertad. Pero la respuesta no llega ni se atisba en el horizonte venezolano donde el Ejército se ha convertido en el único y verdadero poder. De momento leal a Maduro pero no está claro que esa lealtad vaya a continuar eternamente si el deterioro social, económico y político del país mantiene el vertiginoso ritmo de crucero hacia el caos que es hacia donde camina Venezuela y lo va a encontrar.

Y en estas circunstancias ¿qué puede pedirle Zapatero a Maduro o a la oposición, cuando la crisis ha llegado tan lejos? Resulta imposible, de todo punto, un pacto político sin que previamente se recuperen las libertades políticas y personales y los más esenciales derechos de la vida democrática y el respeto a la legalidad. No hay nada que negociar mientras los líderes de la oposición sigan en la cárcel. Eso lo debería saber Zapatero y ese debe ser su primer objetivo si quiere mediar.