¿Dónde está Ciudadanos?

Creemos que Ciudadanos es un partido político serio que tiene un proyecto razonable para España, pero que en los últimos meses su imagen y el liderazgo de Albert Rivera se han difuminado y a la vez confundido en medio de una colección de errores estratégicos y políticos que ya veremos si les pasan factura en los comicios del 26-J.

No se sabe dónde está Ciudadanos, ni tampoco dónde estará después del 26-J, pero mucho nos tememos que Albert Rivera ha perdido un tiempo precioso desde las elecciones del 20-D en el que, en lugar de fortalecer su partido con equipos de prestigio, proyectos e ideas, se ha dedicado a dar ruedas de prensa, un día sí y el otro también. Amén de caer en los brazos de Pedro Sánchez con aquel pacto ‘histórico’ que llamaron ‘la segunda transición’ y acabó con un rotundo fracaso en el Congreso de los Diputados. Pacto que ahora estigmatiza a C’s como si fuera un apéndice del PSOE.

La política catalana sigue siendo provinciana por más que reclamen su independencia. Y a Rivera le está costando mucho aprender la lección de las intrigas madrileñas y sus diferentes vericuetos del poder donde ha dado la impresión que C’s andaban un tanto perdidos y por ello han sido otros los que se han aprovechado de su bisoñez.

El 20-D esperaban más de 40 escaños, pero incluso así su resultado fue excelente y marcó un hito en pos de la recuperación y la autonomía del centro político español que ahora reclama Pedro Sánchez citando en su discurso a Adolfo Suárez. Pero esos 40 escaños de Rivera tampoco eran suficientes para facilitar un gobierno del PP o del PSOE porque al final la llave de la gobernabilidad a izquierda y a derecha la obtuvo el PSOE y no C’s.

Y esta situación que hacía prescindible a C’s, si el PSOE decidía pactar con el PP o con Podemos y sus aliados, fue lo que condujo a Rivera a su gran error -del que todavía presume- de firmar un pacto de gobierno con el PSOE a sabiendas de que juntos solo tenían 130 escaños y que su pacto hacia ninguna parte era ‘papel mojado’ y los comprometía ante la celebración de unas nuevas elecciones, lo que no era difícil de imaginar por más que Rivera y su equipo directivo no contemplaron esa opción que ahora les atenaza y devalúa su discurso político y utilidad, una vez que la experiencia y los pronósticos de las encuestas no le garantizan a Ciudadanos tener la llave de la gobernabilidad.

Muchos votantes de C’s del 20-D puede que aprecien el discurso falso -porque el pacto con el PSOE fue un error- de que Rivera ha trabajado en pos de la gobernabilidad, cuando en realidad lo que hizo fue caer en las redes de Sánchez para luego liarse a palos con el PP y con Podemos a los que, inocentemente, les exigían abstención ‘gratis et amore’ como si la política tuviera algo que ver con las obras de caridad.

Decían eso de ‘dejadnos gobernar’, olvidándose Sánchez y Rivera que el PSOE perdió las elecciones frente al PP y C’s frente a Podemos. O sea pedían que el primer y tercer partido nacional regalaran el poder al segundo y cuarto en aras de no se sabe el qué y que ellos llamaban ‘el cambio’.

Ciudadanos no debió firmar con Sánchez hasta que el líder del PSOE le pusiera sobre la mesa 136 escaños a los que sumar los 40 de C’s. Todo lo demás fue una batalla de propaganda inútil contra PP y Podemos y ahora veremos lo que ocurre el 26-J. Pero no da la impresión que C’s y PSOE vayan a salir bien parados, porque el PP recordará a los votantes de su partido que se fueron a C’s que el candidato de C’s para presidir el gobierno después del 26-J no es Rivera sino Sánchez, como probado y firmado está. Y firmado permanece porque ese pacto aún no se ha roto con la misma solemnidad con la que se firmó.

Por eso el PP habla de voto útil en su precampaña, mientras Sánchez intenta volcarse al centro con Suárez para quitarle votos a Rivera y así suplir los que se vayan del PSOE hacia la euforia izquierdista de IU con Podemos. Lo que deja a Rivera en un difícil papelón. Y sin más discurso que el de pelearse con el PP -¿cómo va a atacar a Sánchez su socio?, o a Podemos que le queda muy lejos de su frontera electoral.