La agresividad de Sánchez y su batalla con Iglesias

En la presentación de Pedro Sánchez como el candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno en los comicios del próximo 26-S, el líder socialista ha vuelto a hacer gala de su proverbial agresividad contra todos y cada uno de sus adversarios. Y especialmente contra Mariano Rajoy y Pablo Iglesias en venganza porque ni PP ni Podemos lo dejaron gobernar en la pasada y breve legislatura en la que Sánchez perdió las elecciones y la investidura con la pretendió convertirse en presidente del Gobierno con el mono discurso de ‘hay que echar a Rajoy y al PP de la Moncloa.

A lo mejor, y si Sánchez vuelve a perder las elecciones el 26-J como las perdió el 20-D, a quien habrá que echar será a Sánchez del liderazgo del PSOE y de la jefatura de la oposición. Y puede que en ello ya estén algunos de los suyos que empiezan a ver a Eduardo Madina como el jefe del Grupo Parlamentario Socialista del Congreso de los Diputados y a Susana Díaz como secretaria general tras el próximo congreso del PSOE.

El cúmulo de insultos y descalificaciones que emanan de Sánchez y sus más cercanos colaboradores César Luena y Antonio Hernando no son de recibo y están fuera de la cortesía política y democrática. El mayor agresor lo es sin duda Sánchez como se vio en el debate con Rajoy de las pasadas elecciones cuando llamó ‘indecente’ al líder del PP. Ahora Sánchez dice que eso fue un ‘error de forma’ y no es cierto fue error de forma y fondo del que luego se vanaglorió.

Y del que ha tomado ejemplo el tal Luena cuyas obras completas en la política española son igual a cero. Pues Luena le ha llamado a Rajoy de todo: cobarde, trilero, impresentable etcétera. Y además le conmina a hacer lo que conviene al PSOE: ‘tiene que presentarse a la investidura (para hacer un ridículo como Sánchez), tiene que irse a su casa, tiene que acudir a los debates...’. Pero ¿quién es Luena para decir al líder del PP lo que tiene que hacer y cómo debe hacer?

El otro escudero de Sánchez, Antonio Hernando es el especialista en insultar a Podemos y a sus dirigentes. Primero les echa unas flores a ver si así favorecían la investidura de Sánchez y luego los insulta con gran ferocidad cuando Podemos, en el libre ejercicio de sus intereses políticos, se niega a apoyar a Sánchez y a Rivera. Y qué decir de aquella última pantomima de Hernando cuando horas antes del fin del proceso de investidura este personaje anunció un posible pacto de gobierno en base a un papelito de Compromís cuya viabilidad duró cinco minutos.

Cuando la agresión y la descalificación de los adversarios constituyen el centro habitual de los discursos políticos, como a menudo ocurre con Sánchez, Luena y Hernando, eso es muy mala señal. Y una estrategia reveladora de su debilidad con la que pretenden transmitir optimismo y ocultar sus fracasos. Que en el caso del PSOE son esencialmente tres: la derrota electoral del 20-D; el fracaso de la investidura; y la llegada de nuevas elecciones -al negarse Sánchez a pactar con el PP- lo que se han convertido en un regalo para Podemos y su pacto con IU. Lo que en definitiva está poniendo en peligro la carrera política de Sánchez y el liderazgo del PSOE en la izquierda.

Porque está claro que Sánchez es el responsable del adelanto electoral -el único que tenía la llave de la gobernabilidad- y ahora Sánchez es el candidato con más problemas y probabilidades de salir mal parado de estas elecciones. Y si los seguidores de Iglesias y Garzón van juntos a los comicios y consiguen crear expectativas de victoria en la izquierda en menoscabo del PSOE Sánchez lo va a pasar muy mal.

De manera que se preparen Iglesias y Garzón porque les van a llover toda clase de agresiones y descalificaciones del trío Sánchez, Luena y Hernando, como ya se está viendo y como pronto se confirmará. Y no digamos lo que estos tres van a decir del PP -de C’s no pueden hablar porque mantienen firmado su pacto conjunto de Gobierno- al que ellos necesitan desesperadamente en los debates para no quedarse a solas con Iglesias y Garzón. Aunque el debate ideal sería un encuentro en la televisión de Sánchez y Rivera contra Iglesias y Garzón.