¿Por qué Rajoy debe debatir con quienes lo aíslan y desprecian?

Los debates entre los primeros candidatos de las elecciones del 26-J se han convertido en la piedra angular de la pre campaña electoral. Y está bien que se celebren y a ser posible entre los cuatro primeros actores de la campaña como son Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera, porque acabado el bipartidismo no tiene lógica alguna que exista un debate cara a cara entre el primer y el segundo partido.

Estos debates ‘a cuatro’ son lógicos y necesarios en correspondencia con una cultura democrática, como es la de nuestro entorno europeo. Pero ocurre que esa cultura democrática no solo se debe aplicar al solo aspecto de los debates sino a otras reglas claves del juego democrático, que se han pasado por alto como lo vimos en las elecciones del 20-D y en las negociaciones de los pactos de Gobierno fallidos que siguieron a las elecciones y que nos han conducido a la nueva cita electoral.

Veamos unos ejemplos esenciales para entender el que ha sido un mal comportamiento democrático de quienes ahora exigen los debates:

-En el último debate electoral de los comicios del 20-D Pedro Sánchez insultó a Mariano Rajoy. Y ha tardado cinco meses en reconocer que aquello fue un ‘error de forma’, cuando lo fue de forma, de fondo y algo inaceptable en una democracia. Y si Sánchez rectifica ahora, tarde y mal, lo hace porque necesita un cara a cara con Rajoy sin la presencia de Iglesias y Rivera.

-Después de la campaña electoral Pedro Sánchez y el Comité Federal del PSOE anunciaron que no hablarían ni negociarían con Rajoy ni con el PP la posible formación de un nuevo gobierno a pesar que el PP ganó las elecciones. Esa negativa al diálogo es un acto anti democrático, en España y en cualquier país europeo. Además Sánchez y el PSOE ya han vuelto a anunciar que después del 26-J tampoco piensan a dialogar ni pactar con Rajoy aunque el PP vuelva a ganar los comicios.

-Por su parte Albert Rivera, en su nombre y en el de Ciudadanos, dijo durante el fallido proceso de investidura de Sánchez y lo han repetido estos días que Rajoy no puede ser el próximo presidente del Gobierno y que nunca facilitarán su investidura. Y lo que es peor, Rivera durante el debate de la fracasada investidura de Sánchez se dirigió al grupo parlamentario del PP para pedirles que se sublevaran contra Rajoy, en lo que fue un acto de intromisión en la vida de otro partido y un gesto anti democrático. ¿Quién es Rivera para decirle a Rajoy que se vaya, cuando Rivera perdió –y por mucho- las elecciones del 20-D y seguro que el 26-J las volverá a perder y por mucho frente al PP?

-El pacto de gobierno entre Rivera y Sánchez presentado como hecho ‘histórico e inicio de la segunda transición’ ha sido un fiasco. Y poco ejemplar fue el que Sánchez y Rivera se presentaran en el Congreso de los Diputados sin tener los apoyos suficientes para la investidura. En países democráticos europeos de nuestro entorno cuando el ‘formador de Gobierno’ no encuentra los apoyos para su investidura, regresa ante el Jefe del Estado a decir que no se puede acudir ante el Parlamento para que el Jefe del Estado –Rey o presidente de la República- nombre nuevo ‘formador de Gobierno’ que pueda intentarlo.

-Por último: los líderes políticos que pierden las elecciones tienen la obligación moral de dimitir ante su partido. Rajoy debió haberlo hecho en 2008 (en el 2004 el atentado del 11M creó una situación especial), pero su partido lo renovó y Rajoy ganó en 2011 y 2015. Pero Sánchez perdió en el 2015 y no dimitió. Ni lo hicieron Rivera o Iglesias porque eran nuevos dirigentes con partidos emergentes y su resultado fue en sí un triunfo para Podemos y Ciudadanos. Pero ese no era el caso de Sánchez, que debió haber seguido los pasos de Rubalcaba. Y ¿qué hará Sánchez si vuelve a perder? Quizás convenga recordar lo que ocurrió en Gran Bretaña cuando Cameron gano las elecciones y ese mismo día dimitieron los líderes de los partidos laborista y liberal, Ed Miliband y Nick Clegg.

Vistos estos precedentes poco democráticos de Sánchez y Rivera cabe preguntarse ¿por qué debe acudir Rajoy a un debate con Sánchez y Rivera cuando ambos se niegan a hablar y a pactar con el PP y piden a Rajoy que se vaya, aunque vuelva a ganar las elecciones? Es legítimo, en un régimen parlamentario que gobierne una mayoría e partidos en coalición, pero no es democrático negarle el diálogo al partido que ha ganado las elecciones como lo hizo el PSOE y anuncia que lo volverá a hacer.

Está claro que Sánchez y Rivera quieren debatir con Rajoy solo para ponerlo a escurrir en una carera ‘a tres’ –Iglesias también se subiría a ese carro- para ver quien destroza más al PP y a Rajoy. Y ¿quieren que Rajoy les regalen semejante espectáculo de acoso y derribo para que ellos se luzcan en la campaña electoral?

Lo que está claro es que Sánchez y Rivera no quieren, por nada del mundo, quedarse a solas con Pablo Iglesias que es quien se mueve como pez en el agua en los debates televisados y el que tiene menos que perder. Por eso están diciendo desde el PSOE y Ciudadanos que si Rajoy no va a los debates ellos tampoco irán porque le temen a Iglesias más que a un nublado.

Naturalmente si Rajoy dice ahora que no se presta a ser el muñeco que recibe todas las bofetadas en los debates televisados todos tronarán en su contra, y ahí incluidos los medios de comunicación. Motivo por el que Rajoy ocupará el protagonismo de la pre campaña y a él le tocaría explicar el porqué no estaría dispuesto a debatir con quienes lo excluyen, y le niegan el diálogo y el pacto. Y si Rajoy no va al debate y Sánchez y Rivera huyen de Iglesias entonces todos estarán en la misma situación. O sea, mucho cuidado con las lecciones sobre democracia por parte de aquellos que no la practican como debieran en todos sus aspectos y no solo en la cuestión del debate electoral.