Rajoy sale como ganador en la campaña electoral

Cuenta el CIS que el 36% de los votantes de las pasadas elecciones del 20-D tomaron su decisión de voto durante la campaña electoral. De lo que se deduce que los mítines de la campaña y sobre todo los debates pudieron ser decisivos a la hora de escoger la papeleta. Sin embargo en esta ocasión los ciudadanos ya van mucho más informados porque se conocen a los candidatos, a los partidos y a sus programas y porque el proceso de investidura ha dejado claras y marcadas las preferencias de pactos de unos con otros y las estrategias de cada uno.

De manera que el número de indecisos será menor en la cita del 26-J y puede que el número de abstencionistas sea superior (cerca del 30 %) por el cansancio de la política que se registra en amplios sectores de la sociedad, sobre todo ante la incapacidad de los dirigentes de alcanzar acuerdos estables para gobernar.

No obstante, los expertos dicen que la abstención puede beneficiar al voto militante del PP y Podemos, partido este último que está cerrando su acuerdo electoral con IU, lo que debería aumentar las expectativas del partido que lidera Iglesias, por más que algunos sondeos aseguran que Podemos ha retrocedido en grandes ciudades y que el casi millón de votos de IU no se pasará en bloque a la lista unitaria con Podemos.

Al fondo de todo ello aparecen los debates televisivos, el espectáculo circense, la arena donde se espera que comparezcan los ‘gladiadores’ de los cuatro grandes partidos, Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera, lo que sería toda una novedad si Rajoy asiste a los festejos -a los que renunció en las pasadas elecciones del 20-D-, porque sabe que todos irán contra él, contra su política económica y denuncias sobre la corrupción del PP.

Además Rajoy, por su edad, aparecerá como el ‘abuelo’ frente a los tres competidores mas jóvenes de Sánchez, Iglesias y Rivera y puede que en ese caso opte por enviar de nuevo a Soraya Sáenz de Santamaría y que él se reserve para el mano a mano con Sánchez, a pesar de lo ocurrido en el anterior debate en el que el líder del PSOE le llamó ‘indecente’, una lamentable agresión que, con cuatro meses de retraso, Sánchez ha reconocido como un ‘error de forma’. Sin embargo esta vez Sánchez va tocado al debate porque fracasó en la investidura y porque intentó un pacto con Podemos, y ese es un buen flanco de ataque para Rajoy.

Por todo ello puede que el PP anuncie que seguirá la misma estrategia de las pasadas elecciones: un debate a cuatro con Soraya y el mano a mano con Sánchez, porque de esa manera el resto de los debates entre los otros tres candidatos beneficiarán al PP aunque esté ausente. No en vano en esas discusiones Iglesias se enfrentará a Sánchez y a Rivera tal y como ocurrió la otra vez.

Está claro que a Rajoy le convienen estas nuevas elecciones porque todos los sondeos le anuncian vencedor y dicen que el PP va a mejorar su resultado del 20-D, por poco que sea. Al contrario, Sánchez sale a la pista como caballo perdedor y con Iglesias pisándole los talones. Un Iglesias que esta vez puede ir acompañado en sus mítines por Alberto Garzón, lo que les dará un plus de protagonismo en la campaña.

Mientras que Rivera y Sánchez aparecerán en la escena como unos aliados que tienen el mismo programa de gobierno, lo que será un argumento a favor del PP contra Ciudadanos y de Podemos contra el PSOE en una campaña que será mucho más larga y tensa que la del 20-D a pesar de que los candidatos y sus programas son conocidos porque el PSOE y el PP se juegan mucho en esta porfía y de manera especial Pedro Sánchez y Mariano Rajoy.