Sánchez se arrepiente solo de la forma

Dice Pedro Sánchez, con cinco meses de retraso, que se arrepiente de haber llamado ‘indecente’ a Mariano Rajoy en el debate electoral que precedió a las elecciones del 20-D. Pero luego matiza diciendo que solo se arrepiente en ‘la forma’ pero no en el fondo de su mensaje, es decir que sigue creyendo que Rajoy es ‘indecente’, motivo por el cual vuelve a la casilla de salida de sus malos modales y graves errores políticos. Los que lo llevan en volandas a una nueva derrota electoral y entonces será el PSOE quien se arrepienta de haber elegido a Sánchez como su líder y secretario general.

Cuando el discurso de un político se centra en el derribo del adversario a título personal como lo ha pretendido Sánchez con Rajoy -y ahora con Iglesias, porque no le ha dejado ser presidente del Gobierno- eso suele acabar mal. Y el día que Sánchez y Rivera firmaron el ‘histórico’ (sic) pacto de Gobierno para iniciar ‘la segunda transición’ (otro sic) el jefe del PSOE dijo que el objetivo de todo ello era para sacar a Rajoy de la Moncloa. Y con ese argumento entre infantil y vengativo Sánchez creyó que iba a impresionar a Podemos, IU y sus confluencias para que cual costaleros le llevaran en andas a la Moncloa.

Pero semejante discurso estaba lleno de personalismos: echar a Rajoy pera poner a Sánchez, y si él no era presidente pues nuevas elecciones. Su pacto con Ciudadanos -con el que Sánchez y Rivera ahora no saben que hacer- no era para dar estabilidad a España y sacarla de la crisis o para tomar medidas urgentes y acordar reformas necesarias. Era para echar a Rajoy. Y luego venían las 200 reformas de las que habla Rivera y que nunca existirán, porque los dos se olvidaron en todo el proceso que les faltaban 46 escaños para gobernar.

Y ahora Sánchez y Rivera, que no han querido pactar con Rajoy sino lisa y llanamente echarlo de la Moncloa -Rivera le llegó a pedir a los dirigentes del PP que se sublevaran contra Rajoy-, van a tener que explicarles a sus electores qué hacían PSOE y Ciudadanos sentados con Podemos (en la ‘negociación de los 18’) para la formación del gobierno tripartito de PSOE, C’s y Podemos con Sánchez de presidente.

Sobre todo cuando se sabe que Podemos protege a Otegi, defiende la autodeterminación de Cataluña camino de su independencia, pretende romper con la convergencia fiscal de la UE aumentando el déficit de España en 65.000 millones de euros y los impuestos a toda España, quiere censurar a la prensa y controlar los tribunales, la fiscalía y la policía y el CNI, etcétera. Es decir Rivera y Sánchez no querían dialogar ni negociar con Rajoy porque era indecente pero sí con Iglesias a pesar de conocer su programa que ellos llaman de ‘ruptura democrática’.

Y no estamos diciendo con todo esto que Rajoy sea una hermanita de la caridad, porque en su partido hay corrupción a granel y a buen seguro que alguna responsabilidad política le tocará. Como es cierto que en la legislatura 2011-2015, Rajoy gobernó con autoritarismo y recortó las libertades y el juego democrático. Pero dicho todo esto tenemos que señalar la enorme distancia que separan las opciones de Podemos y el PP y la que fue cercanía personal y política de Sánchez con Iglesias.

De manera que en contra de lo que dice Sánchez sobre las formas de las que se arrepiente por calificar de indecente a Rajoy, lo importante es el fondo de las políticas de Podemos con las que Sánchez estaba dispuesto a pactar con Iglesias. Y eso sí es de suma gravedad y lo que Sánchez va a tener que explicar en esta campaña electoral.