La mazmorra de Sánchez en la España desarbolada

La cara de enfado que lució Pedro Sánchez en la última Comisión Ejecutiva del PSOE es el fiel retrato de la realidad que embarga su fracaso en la investidura y amenaza la cohesión y el futuro político del PSOE en caso de repetirse las elecciones el 26 de junio, ante la ausencia de un acuerdo de Gobierno que solo pueden firmar PP y PSOE antes de que concluya el tiempo que queda para la disolución de las Cortes.

Ha pasado casi un siglo (1922) desde que el ilustre filósofo español José Ortega y Gasset publicara su ‘España invertebrada’ donde aborda el peligro de la desintegración de la unidad española. El que ahora se repite empeorado por el deterioro institucional en el que ha influido la escasa calidad de los gobernantes y por el desdoro moral que emana del pantano nacional de la corrupción anunciando el fin del Régimen de la transición que se inició en 1978 tras el final de la dictadura.

Viejos problemas de identidad y cohesión nacional que ahora tendrían solución si existiera voluntad política y un Gobierno de amplia mayoría y sólida estabilidad. Sobre todo porque la realidad económica y social de esta España del Siglo XXI es mucho mejor que aquella de principios del Siglo XX, empeoradas por la desmoralización nacional que siguió a la pérdida de las últimas colonias. Estos son tiempos mejores en los que además España participa en el proceso de integración de la UE y figura con prestigio entre las primeras naciones del mundo.

Pero la crisis financiera de 2008 que estalló en Wall Street, unida al deterioro nuevo social y al tsunami de corrupción política, facilitó la quiebra de la viga maestra de nuestro sistema político: el bipartidismo que lideraban el PP y el PSOE y garantizaba la estabilidad, la cohesión nacional y la alternancia política de los últimos 38 años.

Lo que se confirmó tras las elecciones del 20 de diciembre en las que emergió un Parlamento fraccionado entre cuatro partidos -PP, PSOE, Podemos y C’s-, sin cultura de pactos de Gobierno que, como se ha visto en el aún vigente proceso de investidura no solo impide formar Gobierno sino que está reabriendo a nuestros pies la sima ideológica de las ‘dos Españas’ entre el PSOE y el PP.

Mientras, Podemos, el tercer partido, pesca en el rio revuelto español en compañía de partidos secesionistas y agitando desde el Parlamento nacional el fantasma de la ruptura de la unidad de España. El que exhibió en Cataluña Artur Mas con ayuda de CDC y ERC, y subido en un sinfín de burdas mentiras relativas a la Historia, la economía y la relación de Cataluña con España y la UE. Todo ello adornado con la ‘graciosa’ colaboración de un sector del empresariado catalán, incluidos medios de comunicación como La Vanguardia, que ahora está a merced de las aventuras de la izquierda extrema de ERC y la CUP.

La responsabilidad de la actual crisis política e institucional del país -como bien lo subrayó el presidente de Unedisa, Antonio Fernández Galiano, en el Foro del diario El Mundo- es de todos y de manera más directa de los dos primeros partidos nacionales y de los principales actores de la sociedad civil, ahí incluidos los grandes medios de la comunicación nacional, muchos de ellos sumidos en una grotesca cacería-espectáculo que completa la ‘tormenta perfecta’ sobre el cielo español ante el asombro e indignación de la mayoría de ciudadanos.

Una tormenta que tiene su origen en el agotamiento del Régimen de la transición que hizo aflorar las carencias de nuestro modelo político y especialmente la de la ausencia flagrante de separación de los Poderes del Estado, lo que ha permitido al ganador de las elecciones y en estos años de alternancia del PSOE y el PP la acumulación de esos Poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial). Al tiempo que facilitó la autocracia del gobernante de turno desplegando un halo de impunidad para los poderosos facilitando la corrupción, lo que unido a los destrozos de la crisis económica y financiera de 2008 provocó el fin del bipartidismo.

La primera responsabilidad política de todo ello concierne al PP y al PSOE, pero una vez abierta la crisis del bipartidismo ha sido el PSOE liderado por Pedro Sánchez quien, tras su derrota en los comicios del 20-D, ha forzado la fractura ideológica y política entre los dos grandes partidos nacionales en pos de su temeraria e imposible conquista de la Presidencia del Gobierno, implicando en semejante deriva al PSOE.

Y esto lo impulsó Sánchez desde su minoría de 90 escaños con los que nunca podía conquistar la Moncloa sin la ayuda de PP o de Podemos y sus aliados secesionistas. Entre otras cosas porque tanto Sánchez como su Comité Federal se encerraron en su propia trampa al dibujar unas líneas rojas -frente a PP y Podemos- luego convertidas en los barrotes de una imaginaria mazmorra donde Sánchez se encerró con Rivera en pos de su estrepitoso fracaso de investidura el pasado 24 de marzo.

Todos son responsables del bloqueo institucional pero Sánchez es el principal culpable por su manifiesta incapacidad política -consentida por el PSOE- que conduce a la repetición electoral y puede llevar al Partido Socialista a una seria crisis si vuelve a perder las elecciones como dicen las encuestas, y si Podemos e IU alcanzan un buen pacto electoral que les permita superar al PSOE en los nuevos comicios del 26-J que, salvo rectificación de Sánchez y del PSOE de última hora, serán imparables y definitivos para el diseño de la nueva realidad nacional.