Rajoy no puede ser el candidato del PP

La dimisión de Soria y el cúmulo de casos de corrupción que adornaron la presidencia de Mariano Rajoy -incluido su SMS a Bárcenas- impiden al actual presidente del Partido Popular convertirse ¡por cuarta vez! en el candidato del PP a las elecciones generales del 26-J, en caso de que el próximo 2 de mayo se disuelvan las Cortes como parece que ocurrirá.

No en vano todos estos escándalos y la permanente tensión social van a convertir a Rajoy en el objetivo permanente de críticas del conjunto de los partidos de la oposición. Sobre todo porque el caso Soria estalló en el seno del Consejo de Ministros y podría provocar la derrota del PP y un ascenso importante por el centro derecha de Ciudadanos y por el centro izquierda del PSOE, dejando al PP en una situación mucho peor de la que obtuvo en los comicios generales del 20-D.

Hasta el punto que las nuevas elecciones que Rajoy esperaba como el agua de mayo para renovar el poder se pueden convertir en chaparrón incontrolado sobre el PP, si Rajoy no da un paso atrás y ofrece a todos sus electores un candidato político que no esté afectado por los casos de la corrupción y que tenga liderazgo político y notable experiencia. Lo que marcaría una diferencia notable con el resto de candidatos de la oposición, Sánchez, Rivera, Iglesias y Garzón, y dejaría la corrupción en un punto y aparte del tiempo de Rajoy, al que están estrechamente unidos otros dirigentes políticos como Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal.

¿Querrá Rajoy renunciar a su cabecera de cartel o esperar a que alguien en un PP convertido en una olla a presión, levante la voz y exija a Rajoy la convocatoria urgente del Congreso del PP o en su defecto de la Junta Directiva Nacional, o de unas primarias? Esperanza Aguirre no se va a callar, por más que sabe que Rajoy controla el aparato del Partido y de una buena parte de su Junta Directiva Nacional. Aunque no a muchos de los barones regionales que sí están a favor del relevo de Rajoy.

Rajoy se ha convertido en problema para el PP y para el país porque su credibilidad en la lucha contra la corrupción está bajo mínimos y le resta capacidad para poder negociar un pacto de Gobierno con otros líderes políticos, como se ha visto en estos últimos meses y como se verá después de las elecciones del 26-J, una vez que tanto Albert Rivera como Pedro Sánchez ya han declarado que nunca aceptarán a Rajoy en la presidencia del Gobierno.

Todo esto conduce a la conclusión de que Rajoy no es buen candidato, tiene responsabilidades políticas que asumir de los escándalos del PP de los últimos años y carece de capacidad de diálogo para negociar con los líderes de la oposición la formación de un nuevo gobierno. Y sabe que para él y para su partido sería en lo político y lo procesal (o incluso en lo penal) un desastre que el PP saliera del gobierno nacional.

Entonces y vistos los pocos días que quedan -dos meses- para acudir a votar en las elecciones generales del 26-J, Rajoy debería convocar en atención a una buena práctica democrática un congreso urgente del PP o unas primarias o la Junta Directiva Nacional donde él debería hacer pública su decisión de renunciar y de abrir el debate de su sucesión en el que no debería de participar.