El tripartito, el pacto de izquierdas o elecciones

En esta semana de pasión política contenida y de vacaciones son muchas las personas que se interrogan sobre la posible salida, si es que la hay, a la crisis de investidura y de gobierno que se vive en España. La que según los analistas financieros ha bloqueado las inversiones en nuestro país de fondos extranjeros, aunque la actividad económica se mueve en el interior de la península. La pregunta en cenáculos y en los medios políticos y económicos es la siguiente: ¿qué puede pasar?

Todavía y hasta el próximo 2 de mayo, fecha en la que se acaba el plazo para la investidura de un jefe del Gobierno, caben muchas alternativas pero los problemas detectados en las últimas semanas reducen a tres las posibilidades: un gobierno tripartito (PP, PSOE, C’s), que resultará imposible si Mariano Rajoy y Pedro Sánchez pretenden liderar esta opción, con votos afirmativos de los tres partidos o de dos de ellos y con la abstención de PSOE o PP; un pacto en la izquierda entre PSOE, Podemos y sus confluencias, que necesita de la abstención de ERC y Dil y la bendición del Comité Federal del PSOE; o elecciones el 26 de junio.

Lo que ya está descartado es que el PP se abstenga para dejar que se instalen en el poder Pedro Sánchez y Albert Rivera. También parece claro que el PSOE no se abstendrá para permitir un gobierno del PP con C’s. Ni se abstendrá C’s para facilitar un gobierno del PSOE con Podemos y sus aliados.

De manera que la opción electoral parece la más plausible y desde luego la que menos interesa a Pedro Sánchez porque está claro que el PP volverá a ganar las elecciones, con o sin Rajoy al frente del cartel electoral, mientras que el PSOE las perderá y con el riesgo añadido de convertirse en tercer partido por detrás de Podemos si Iglesias logra un acuerdo electoral con IU.

Sánchez conoce esta situación y sabe que si no llega ahora al palacio de la Moncloa será desalojado del liderazgo del PSOE por Susana Díaz con dos derrotas electorales en el plazo de seis meses y el fracaso de la que ha sido su temeraria investidura. De ahí que esté pendiente de jugar su última carta en la reunión que mantendrá con Pablo Iglesias el día 30 de este mes, lo que por otra parte preocupa a Ciudadanos, desde donde se amenaza con la ruptura de su pacto con el PSOE si los socialistas abren negociaciones formales con Podemos sin la presencia de C’s.

Pero la cuestión de fondo no reside en ver qué hace o no hace Sánchez sino en ver qué decide Iglesias, que es quien tiene en vilo a los otros tres líderes nacionales: a Sánchez porque si no hay pacto se juega la presidencia y su supervivencia política; a Rivera porque corre el riesgo de que se hunda su pacto con el PSOE dejando en mala posición a C’s; y a Rajoy porque si Iglesias permite que Sánchez llegue a la Moncloa la crisis en el PP será de gran envergadura.

De manera que ahora es Iglesias quien tiene la llave de la situación. Y la pregunta que se plantea en este momento no es si Iglesias quiere un pacto con el PSOE sino la de si quiere elecciones anticipadas y si para ello cuenta ya con el apoyo previo de IU. Porque la disyuntiva que tiene Iglesias ante sí es la de si lleva a Sánchez a la Moncloa o si va a por el PSOE en las nuevas elecciones a ver si Podemos se configura como la segunda fuerza política del país, y primer partido de la izquierda. Ésa es la cuestión que tiene Iglesias sobre su mesa y al día de hoy no da la impresión de que vaya a cambiar el sentido del voto negativo al PSOE que emitió en la sesión de investidura del Congreso.

Ahora bien todavía quedan 37 días para la fecha tope del 2 de mayo y de aquí a ese límite todavía podrían ocurrir muchas cosas, aunque en realidad solo tres, el tripartito PP, PSOE, C’s, pero sin Rajoy ni Sánchez al frente de ese posible gobierno ‘constitucionalista’, o el pacto entre los partidos de la izquierda, PSOE-Podemos. Dos modelos que ahora parecen imposibles pero que todavía están ahí. Y si se esfuman en ese caso iremos a nuevas elecciones de manera irremediable y en la espera de que cambie en mapa político nacional, al menos en lo que a líderes nacionales se refiere -porque Sánchez o Rajoy o incluso ambos podrían sucumbir- lo que podría facilitar algún acuerdo que ahora es imposible de imaginar. No en vano la animadversión entre Rajoy y Sánchez es política, programática y personal.