Obama en Cuba, y España ausente

A las 16 horas y 18 minutos de la tarde de ayer en Cuba (las 21,18 en España) el ‘Air Force One’, el avión del presidente de Estados Unidos, llegaba al aeropuerto José Martí de La Habana bajo una tenue lluvia y donde el presidente Obama, a quien acompañaban su esposa Michelle sus hijas y su suegra, fue recibido de sobria manera por una comitiva de acogida -no se estaba el presidente Raúl Castro- antes de subirse a los coches de la caravana oficial que los llevó al centro de la capital.

Una visita histórica que confirma la apertura de una nueva etapa en las relaciones de los Estados Unidos y Cuba y también con Latinoamérica, tras muchos años de frías y tensas relaciones marcadas por la crisis de los misiles rusos de 1962, durante la presidencia de John F. Kennedy. Y por el bloqueo comercial de EE.UU. a Cuba, secundado por los primeros países de Occidente en plena ‘guerra fría’.

Un bloqueo económico y comercial que se extendió al ámbito político y diplomático y que rompió España en septiembre de 1978 con un viaje oficial del entonces presidente Adolfo Suárez (estuve allí) a La Habana a pesar de la oposición y el malestar del gobierno norteamericano. Una audaz visita de Suárez, recibido por Fidel Castro en el aeropuerto de la capital cubana y aclamado por una muchedumbre en su visita oficial a La Habana. Eran otros tiempos, sin duda más difíciles, para una España que acababa de recuperar las libertades y la democracia y una Cuba inmersa en el tiempo de alta tensión en su relación con Washington.

Pero ahora el presidente Obama, al final de su mandato, ha roto el hielo y restablecido las relaciones diplomáticas con La Habana, los vuelos entre Cuba y los EE.UU y primeras relaciones comerciales y financieras, aunque sigue el bloqueo. Y todo anuncia que ambos países caminarán hacia una normalización plena (si no la interrumpe Donald Trump si ganara las elecciones presidenciales) de sus relaciones de todo orden.

Y todo ello como consecuencia del meditado y sigiloso proceso donde además de los gobiernos de Washington y La Habana participaron el Vaticano y Canadá, cumpliendo así la profecía que se atribuye a Fidel Castro según la cual ‘la apertura llegaría con un presidente negro en USA y un papa latinoamericano en Roma’. Proceso en el que ha estado, lamentablemente, ausente España.

Como ausentes de Cuba han estado siempre los Reyes de España (don Juan Carlos I viajó una vez a La Habana a una Cumbre Iberoamericana, pero Aznar impidió que la oportunidad se convirtiera en visita oficial). Lo que ha sido un error, como equivocación ha sido la tensión reciente del gobierno de Rajoy con Cuba, provocando un deterioro del contacto entre ambos países lo que dañó seriamente la cumbre iberoamericana de Veracruz.

España pues ha perdido el tren de la apertura de Cuba a Occidente en la que Obama primero, François Hollande después y luego la UE nos han tomado la delantera a los españoles que tantos lazos históricos, culturales y sentimentales hemos tenido y tenemos con el pueblo de Cuba. Por encima y al margen de las diferencias ideológicas y políticas que nunca debieran haber sido un obstáculo en la relación de Madrid y La Habana, porque nuestro país (como los EE.UU.) mantiene relaciones con regímenes y dictaduras férreas como las de China, mundo árabe y monarquías ancestrales del Golfo Pérsico.

La crisis del terrorismo islámico en las guerra inagotables de Siria, Irak y Libia y las negociaciones y acuerdos que sobre ellas se celebran dan idea –véase la crisis de la democracia en Turquía- de la complejidad y las contradicciones que imperan en las relaciones internacionales en las que España, como ha hecho en sus cumbres Iberoamericana, debe hacer primar sus lazos históricos y culturales porque esa dimensión hispanoamericana es para nuestro país fundamental.

Como para Washington lo es Pekín y Arabia Saudita, para Gran Bretaña la Commonwealth y para Francia el centro de África, por encima de los regímenes de cada país. Y esto ha fallado en las relaciones de España con Cuba en últimos años y por eso nuestro país ha quedado fuera de este proceso de apertura de EE.UU y Cuba, donde España podría, en un momento dado, aportar muchas cosas como nuestro original modelo de transición para pasar de una dictadura a la democracia y la libertad.