Sánchez sin Presidencia y Rivera en evidencia

Si no fuera porque detrás del tiempo perdido que llevamos del iluso proceso para la investidura de Pedro Sánchez está la necesidad de un gobierno estable para España, diríamos que hemos asistido a una divertida comedia que empieza a tener tintes propios de un drama.

No en vano la última maniobra de Pedro Sánchez para lograr el apoyo o abstención de Podemos, IU y sus ‘confluencias’ a su investidura para dar vía libre al pacto del PSOE con C’s, está en línea con la que ha sido la estrategia de Sánchez para alcanzar la presidencia del gobierno: un disparate y un enredo sin pies ni cabeza que desde su inicio careció de los apoyos necesarios.

Por lo que Pedro Sánchez nunca debió pedir al Rey que lo nominara candidato, ni debió iniciar negociaciones con Ciudadanos porque solo sumaban 130 escaños. Ni Rivera debió anunciar su voto en favor de Sánchez para perder la votación. Y bien caro que les ha costado ese anuncio a C’s una vez que se ha sabido que Sánchez les ha ofrecido a Podemos y resto de la izquierda propuestas, escritas y verbales, que no figuran en el pacto y que han sido rechazadas por ser consideradas un ‘corta y pega del pacto con Ciudadanos’, como ha tuiteado Iglesias.

No solo eso, Sánchez en su desesperación por el fracaso que le espera y en su intento de embaucar a Podemos ha dicho que lo importante es aislar y echar al PP del gobierno, cuando Rivera defiende lo contrario: un pacto constitucional a tres, entre PP, PSOE y Ciudadanos. Motivos todos ellos por los que Ciudadanos deberían reconsiderar su voto en favor de la investidura de Sánchez, que fracasará y que los deja a ellos en la pésima posición de ‘cornudos y apaleados’.

Desde luego si alguien en el PSOE piensa en serio que van a convencer a la mayoría de españoles de que Podemos y el PP son la misma cosa y aliados políticos porque votarán, cada uno por su lado, contra la investidura de Sánchez, es que no han entendido nada. O siguen sufriendo una ceguera que les impide ver la realidad del país y enterarse de una vez por todas que la aritmética del Parlamento no permite interpretación alguna.

Eso sí, Pedro Sánchez ha disfrutado de cuatro semanas de gloria con su reluciente cargo de candidato a la presidencia del Gobierno ofrecido por el Rey Felipe VI. Pero a partir del día 5 se acabará el encanto y se esfumará la retórica -que hoy volverá a exhibir en el Congreso- de su pacto histórico, segunda transición, intento de gobernabilidad y otras florituras que no conducen a nada porque ‘votos son calidad’ y sobra todo lo demás.

Está claro que el ‘menage a trois’ que Sánchez pretendió con Rivera e Iglesias es imposible, por clara incompatibilidad política e ideológica entre Ciudadanos y Podemos. Como claro está que el otro tripartito de PP, PSOE y Ciudadanos que proponen PP y C’s tampoco parece viable. Al menos mientras Rajoy y Sánchez continúen liderando sus partidos, de ahí que unas nuevas elecciones el 26 de junio parecen ser al día de hoy la única salida posible.

No obstante, de aquí al próximo 2 de mayo -histórica fecha española- que es el día en que se acaba el plazo para investir a un candidato a la presidencia del Gobierno, todavía quedarán casi dos meses en los que se podría encontrar un pacto de amplia base, lo que desde luego no es fácil de imaginar, salvo que Rajoy y Sánchez den un paso atrás.

De ahí los intentos desesperados de ambos por permanecer al frente de sus partidos. Rajoy imponiendo un férreo cierre de filas y Sánchez jugando a una política de hechos consumados ante su Comité Federal y la militancia socialista, porque el 8 de mayo buscará ser reelegido como cabeza de cartel electoral y 15 días después secretario general.

Aunque de momento comienza el debate ‘a cuatro’ de la investidura, algo nunca visto en el Parlamento de la transición y donde se esperan duros enfrentamientos y reproches de unos contra otros hasta que el viernes 4 se celebre la segunda votación y caiga el telón de la que ha sido una pobre comedia de investidura. Un trámite fallido sin acuerdos avalados que permitan vislumbrar una solución como la que España necesita y no se debe demorar.