Sánchez con dos barajas

Dice el refrán: ‘casa con dos puertas mala de guardar’. Otro: ‘quien mucho abarca poco aprieta’. Así está Pedro Sánchez acelerando sus contactos, ‘a izquierda y derecha’ como prometió, en dos partidas simultáneas de negociación.

Una con Ciudadanos que parece estar a punto de concluir con un principio de acuerdo entre Sánchez y Rivera. Y otra a cuatro bandas y con 23 ‘comensales’ sentados en torno a una larga mesa donde están representados PSOE, Podemos, Compromis e IU, y de la que ha dicho Pablo Iglesias -el convidado de piedra- que no se levantará de la mesa hasta que se llegue un acuerdo de gobierno de coalición con el PSOE, para lo que hará falta que Podemos y En Comú retiren su pretensión de celebrar un referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Lo asombroso del pretendido pacto de investidura o de gobierno o de reformas, como cada uno le quiera llamar, entre PSOE y Ciudadanos es que entre los dos solo suman 130 escaños y les faltan 46 para alcanzar la mayoría simple de la investidura, una vez que PP y Podemos ya han anunciado que votarán en contra de ese pacto.

Entonces ¿qué pretenden Sánchez y Rivera? Sánchez espera aislar su investidura de la formación de Gobierno y del pacto de legislatura, lo que en principio rechaza de plano Iglesias. Y Rivera pretende obtener un acuerdo de gobierno y de reformas con el PSOE para luego buscar un entendimiento similar con el PP y configurar un escenario para un futuro acuerdo tripartito entre PP, PSOE y C’s.

Pero salvo que Sánchez rompa con Ciudadanos y decida avanzar hacia el pacto de gobierno de izquierda con Podemos, todo apunta al día de hoy, que el próximo día 5 de marzo y en segunda votación Sánchez no saldrá investido presidente. Aunque quizás se consolaría en su fracaso si en la votación recibe el voto favorable de los 40 escaños de Rivera, porque ello impediría a Rajoy presentar su candidatura con solo 123 escaños.

Sin embargo estas negociaciones que sirven para aclarar las posiciones de unos y otros no conducen a nada concreto. Y pueden tener variadas y serias consecuencias para unos y otros. Porque si Sánchez fracasa en ese momento se abrirá una batalla de opinión pública en la que todos van a acusar a sus adversarios del fracaso final de las negociaciones.

El PP dirá que Sánchez ha perdido las elecciones y la investidura y que por lo tanto se tiene que marchar. El PSOE dirá que Sánchez ha sido el único, en compañía de Rivera, que ha intentado articular un gobierno de centro para este país. Iglesias acusará a Sánchez de haber impedido un gobierno de izquierdas. Y Rivera se presentará como el mediador de los pactos imposibles.

Al final PP y Podemos, cada cual en su sitio conservador y progresista, votarán contra Sánchez si finalmente el PSOE rechaza el acuerdo con Podemos. Y en ese caso Sánchez habrá fracasado pero habrá intentado una solución, mientras Rivera jugará a ser el hombre bueno pero corre el riesgo de ser tildado por el PP como el lazarillo de Sánchez.

Aunque todavía es muy pronto para evaluar la situación porque aún faltan diez días para el inicio de la investidura e incluso después de la segunda votación del sábado día 5 quedarán dos meses para que otro candidato intente obtener la mayoría de la Cámara. De lo contrario entraríamos en un nuevo periodo electoral.