Rivera debe decidir sobre Sánchez y Rajoy

Estamos en la semana decisiva para la investidura de Pedro Sánchez, y en ella se presenta como fundamental la decisión que adopte Albert Rivera sobre la posición de Ciudadanos en la segunda votación de la investidura de Sánchez. Lo que quizás debería ir acompañado de un pronunciamiento de Rivera sobre la insistencia de Mariano Rajoy en seguir de candidato a la Presidencia del Gobierno.

Dos ‘noes’ sería la decisión correcta por parte de Albert Rivera, porque Sánchez ha planteado una investidura temeraria con solo 90 escaños y sin más apoyos previos que la disparatada oferta de su ‘vicepresidente’ Pablo Iglesias, y porque Rajoy no puede permanecer ajeno a lo que fue su gobierno autoritario y al gigantesco pantano de la corrupción en el que está inmerso el PP.

La actitud constructiva de Ciudadanos ante la crisis de gobierno les está generando nuevas simpatías en el electorado como revelan las encuestas (la última de Sigma 2 les anuncia subida de 10 escaños). Pero cierta ambigüedad y un candoroso buenismo en cuestiones fundamentales impide a C’s el salto final hacia el núcleo central de la política, porque su estrategia no ha lucido el don de la oportunidad, y porque el liderazgo de Albert Rivera -muy valorado en los sondeos- adolece del carácter y firmeza que exige el actual momento español.

De ahí la importancia de que Ciudadanos y Rivera saquen el carácter y clarifiquen sus posiciones en la semana que comienza, porque ellos no pueden anunciar un pacto de gobierno con el PSOE de Pedro Sánchez si el líder socialista no tiene votos suficientes para la investidura (la tarea de buscar votos o la abstención del PP no es asunto de Rivera). Porque en ese caso C’s quedaría convertido en comparsa del PSOE en un viaje hacia ninguna parte. Y mucho peor sería que un pacto C’s-PSOE quede congelado a la espera de que Sánchez decida si al final se va o no con Podemos y el nacionalismo secesionista y anti europeo. Y una vez que lo haga también deberá opinar sin rodeos sobre la pretensión de Rajoy de presidir un gobierno de gran coalición.

Sobre todo esto se debe pronunciar Rivera con la mayor claridad. Y ello y a pesar que entendemos la meritoria disposición de Rivera a explorar acuerdos entre los partidos constitucionalistas sin poner vetos o líneas rojas a las distintas opciones y personas. Pero estamos en la hora de la verdad, a tan solo 10 días de la investidura en el Congreso y nada ha de quedar en la ambigüedad en esta semana decisiva.

Rivera pagó un alto precio en la campaña electoral por no denunciar la corrupción del PP y PSOE en el debate ‘a cuatro’ televisado y cuando en víspera de la votación del 20-D ofreció la abstención de C’s para poder facilitar un nuevo gobierno de Rajoy. Dos errores que le impidieron a Ciudadanos obtener la llave de la gobernabilidad del país.

Ahora no se puede equivocar. De ahí la importancia de la decisión de Rivera que debe evitar cualquier tentación que no pueda explicar, cómo le pasó con la ‘violencia de género’. Pero lo que Rivera no puede hacer es convertirse en el lazarillo de Pedro Sánchez o en cómplice de Rajoy.

‘Cada mochuelo a su olivo’ debería decir Albert mientras persista la ‘guerra fría’ e irresponsable entre PSOE y PP.