Incógnita catalana y la línea roja de Podemos

Quedan solo unas horas para despejar la incógnita catalana, que es una pieza fundamental del damero maldito de la política española. Si Mas no consigue ‘in extremis’ el apoyo de la CUP y se niega a que cualquier otro dirigente de Convergencia o de ERC sea investido presidente de la Generalitat serán convocadas nuevas elecciones catalanas para el mes de marzo. Y él acusará a la CUP de dañar el proceso secesionista y ERC, la CUP y la Asamblea Nacional Catalana acusarán a Mas de liquidar el proceso al convertirlo en algo personal y exigir a los demás que solo él lo pueda liderar.

Si Mas fracasa Rajoy gana. Ésa es la primera valoración que se hará de la retirada de Mas de la primera línea política catalana o del adelanto de sus elecciones. Y eso animará a Rajoy a prolongar la ley del silencio y del inmovilismo en el PP, a la espera de que Pedro Sánchez fracase en su intento de formar un gobierno progresista con Podemos y C’S.

Lo que reactivaría la crisis interna del PSOE y la llegada de Susana Díaz a Madrid que es la niña bonita de la derecha política y económica, para entonces replantear la gran coalición a tres, PSOE, PP y C’S, con o sin Rajoy que es la última carta que le queda en la bocamanga al PP, a los poderes económicos e incluso al Rey.

Mientras tanto sigue el baile de las líneas rojas de todos contra todos. La que está más de moda es la del referéndum catalán que defiende Podemos, en justa correspondencia con sus aliados nacionalistas. Y que se ha convertido en la excusa o el argumento del ala derecha del PSOE y del PP para decir que, en esas circunstancias, el pacto de Sánchez con Iglesias es imposible e inaceptable.

La clave no está tanto en si Podemos apoya el ‘derecho a decidir’ sino en saber si Podemos acepta y acata la legalidad. Porque si la acata eso quiere decir que sin una reforma de la Constitución no hay derecho a decidir, y para reformar la Constitución hace falta una gran mayoría que nunca tendrá Podemos. Con lo que la línea roja del referéndum se puede borrar si Pablo Iglesias acata la legalidad constitucional y está dispuesto a ‘llamar al timbre’ en vez de asaltar el cielo de la legalidad.

Además ¿acaso no ha pactado el PSOE con Podemos en autonomías y en varios ayuntamientos importantes? O ¿no llevaba en su programa el derecho de autodeterminación el PSC-PSOE hasta hace pocos meses?

Es verdad que el pretendido derecho de autodeterminación no solo es inconstitucional sino que también es antidemocrático. Como cierto es que Podemos frente a la crisis de Venezuela, o en su empeño en lograr cuatro grupos parlamentarios en el Congreso de los Diputados contra el propio reglamento de la Cámara, se aleja de la vida democrática y se proyecta hacia modelos autocráticos con unas posiciones y practicas políticas que pueden contaminar a quienes pacten con ellos, y en este caso al PSOE de Pedro Sánchez.

Pero siendo todo esto cierto, no lo es menos que el bipartidismo del PP y PSOE, ahora en decadencia flagrante, no está en condiciones de dar y repartir muchas lecciones de democracia y ejemplaridad por causa de la corrupción que adorna a ambos partidos. Y por las serias carencias democráticas que tiene el modelo partitocrático español que ahora, en tiempos de las vacas flacas de la economía y el paro y de la eclosión de la corrupción y del abuso de poder, se han hecho mas patentes.

Y lo que es más importante: están en el origen del fin de Régimen de la transición y de la caída del bipartidismo. No en vano en España -vamos a repetirlo hasta saciedad-: los ciudadanos son los únicos de la UE que no eligen directamente y por su nombre a ninguno (lo del Senado es un timo, para una Cámara sin poder legislativo) de sus representantes y gobernantes; y en nuestro país no existe la separación de los poderes del Estado, sino al contrario una acumulación total de estos poderes y de parte de los privados, a través de órganos reguladores.

De manera que tanto Podemos como Ciudadanos son la consecuencia de los abusos y errores del PP y PSOE y de las reglas no democráticas de la vida política española. Donde una partitocracia venida a menos y con escasa calidad de sus dirigentes se niega a reconvertirse en una y definitiva democracia, acabando el proceso que abrió la transición que el PSOE de González y el PP de Aznar bloquearon para su respectivo disfrute del poder.