Rajoy debe reflexionar y dar un paso atrás

Se lo dijo José María Aznar cuando el PP se estrelló en los comicios municipales y autonómicos de mayo de 2015: ‘el PP debe abrir una profunda reflexión’. Lo que era una manera discreta para decir a Rajoy que se retirara de la cabecera del cartel electoral del PP. Pero don Mariano, como siempre, inmóvil y como quien oye llover. Y hora es ya para que reflexione y dé un paso atrás aunque solo sea por España, a la que tantas veces ha utilizado como escudo personal para permanecer en el poder.

Por mucho que se empeñe Mariano Rajoy nadie en el PSOE le dará su apoyo para convertirlo en el presidente del Gobierno, y mal harían en Ciudadanos si se suman a semejante aspiración. La idea de un gobierno ‘a tres’ con PP, PSOE y Ciudadanos propuesta por Rivera es buena y, sin duda, necesaria para el país. Pero Rajoy no es la persona adecuada y lo sabe por más que se empeñe en seguir. Y lo que debió decir, consciente de la realidad que le embarga, tras las elecciones del 20-D, fue la frase mágica de: ‘yo no seré un obstáculo para la formación de un gobierno estable y de amplia base en España’.

Mas del 70 % de los españoles han rechazado a Rajoy en las urnas del 20-D, por más que el PP resultara ser el partido más votado. Y además no está en condiciones de negociar con los partidos a los que maltrató en la pasada legislatura, ni de rectificar leyes antidemocráticas que él mismo impulsó y aprobó, ni de acordarse ahora -¡a buenas horas!- de los desamparados de este país.

Ni puede Rajoy continuar sin asumir las responsabilidades políticas que le afectan directamente en varios casos de la corrupción del PP (Gürtel y Bárcenas, ‘Luis se fuerte’). Y también está obligado asumir su responsabilidad ante el Partido Popular, que lidera con sus maneras despiadadas, por los muchos fracasos electorales del PP en Andalucía, municipales, autonómicas, catalanas y generales que han hecho perder al PP el inmenso poder del que disfrutaban a finales de 2011.

El tiempo de Rajoy se acabó y bien haría él en reconocerlo si además tanto le preocupa España como dice, porque ahora el primer problema de España es él y su empeño inútil de permanecer en el poder. Lo que no logrará ahora ni el mes de mayo, en caso de que hubiera elecciones anticipadas.

Y resulta sorprendente que Rajoy dijera que le parece ‘dudosamente democrático’ que alguien pretenda la formación de un gobierno sin su persona en la Presidencia. Lo que prueba el desconocimiento que tiene de la democracia y del interés nacional. Ese problema debió de quedar resuelto en la noche electoral donde debió anunciar su retirada.

Pero ¿qué más quiere? Lleva toda su vida en la política, 12 años en el gobierno de España, 13 años como presidente del PP, ha fracasado en las últimas cinco grandes citas electorales, tiene responsabilidades en la corrupción y, como 'el perro del hortelano', ni puede gobernar por falta de mayoría y de apoyos ni quiere que gobierne otro diciendo que eso le parece ‘dudosamente democrático’. ¿No recuerda la ejemplar y generosa dimisión de Adolfo Suárez, o la retirada de Aznar, su mentor, al que ha tratado de muy mala manera? ¿Acaso no ha sido durante su mandato cuando estalló el desafío secesionista catalán que él calificó de ‘lío y algarabía’ o cuando se recortó la autonomía de la Justicia y la libertad de expresión?

Nada, el presidente de España en funciones, Mariano Rajoy Brey, sigue atrincherado en el búnker de la Moncloa a la espera de no se sabe qué milagro. Puede que a ver pasar de una vez el cadáver político de Artur Mas, cuando se convoquen nuevas elecciones en Cataluña, lo que sin duda le reconfortará. O puede que Rajoy esté ganando tiempo a ver si también cae Pedro Sánchez, apuñalado por Susana Díaz y su banda de ‘brutos’ y conspiradores barones.

Pero y luego ¿qué pasa con España? Es inútil, Mariano Rajoy no tiene más escapatoria que el adelanto electoral -si el PSOE y Podemos no llegan a un acuerdo, lo que parece muy difícil- y en ese caso intentar ser el eterno ¡por quinta vez! candidato del PP a elecciones generales. Lo que sería un desastre para su partido y un pésimo final para él que en ese caso, e imitando a Artur Mas, saldría de la política rodeado de un rotundo fracaso y castigado por los ciudadanos tras dejar en pésima posición a España y al Partido Popular.