La CUP hunde a Mas y da la victoria a Rajoy

El veto definitivo de la CUP a la investidura de Artur Mas constituye una buena noticia para Cataluña y para España y también la primera victoria política de Mariano Rajoy, el inmovilista, el que por fin verá pasar ante la puerta de la Moncloa el cadáver de su primer enemigo.

El dirigente catalán quien no volverá a presidir la Generalitat, y puede que tampoco su partido mientras le espera un azaroso procedimiento judicial. Y que ha dejado tras de sí la liquidación de CiU, una sociedad catalana dividida y enfrentada, un reguero de corrupción y herido de muerte el proceso secesionista catalán que, lideró sobre un montón de falsedades, y que llevó a sus seguidores a una enorme frustración.

El segundo gran adversario de Rajoy, Pedro Sánchez, el que le llamó ‘persona deshonesta’ ante millones de españoles, también está ahora en el disparadero de su propio partido donde la presidenta andaluza Susana Díaz lidera una rebelión en su contra para desbancarlo de la secretaría general del PSOE y luego de la cabecera del cartel electoral. Si cae Sánchez como ha caído Mas, Rajoy tendrá en su mano una doble victoria política e intentará no ser el tercero de esta lista macabra de los muertos vivientes de la política, porque los tres debieron dimitir al término de sus respectivas elecciones.

Artur Mas, tras su rotundo fracaso el 27-S donde no solo no alcanzó la mayoría absoluta -que tenían antes de esa fecha en compañía de ERC- sino que además perdió el plebiscito sobre la independencia. Y en vez de dimitir por su claro fracaso y responsabilidad en todo lo ocurrido en Cataluña, Mas se agarró a la CUP, partido antisistema en las antípodas de CiU, y de rodillas les pidió apoyo en la investidura. Y tras humillarse ante la CUP, al final los grupos antisistema le han divertido con él y le han dado una patada en trasero denunciando su responsabilidad en la corrupción del 3% y en las políticas de ajuste y desigualdad.

Menudo final el de Artur Mas y el de su ‘padrino’ Jordi Pujol y familia. Y a ver si la burguesía nacionalista catalana, que amparó a este par de temerarios y sospechosos personajes, aprende la lección y rectifica de una vez por todas, porque jugó temerariamente con el fuego del ataque a España y a la justa verdad histórica, económica y cultural de relación de Cataluña con el resto de los españoles y el Estado, y colaboró con la profunda fractura de la sociedad catalana, una herida que poco a poco habrá que curar. Al tiempo que esta burguesía le ha entregado el poder político a la izquierda radical de ERC, CUP y Podemos, que se anuncia como el próximo tripartito catalán.

¿Qué va a ocurrir ahora? Pues ahora quien tiene el control máximo de la situación es ERC y su líder Oriol Junqueras -otro que fracasó el 27-S- que son los que decidirán si hay o no nuevas elecciones autonómicas en marzo (serían las cuartas en los últimos seis años), diga lo que diga Mas.

Aunque habrá que esperar a que Mas decida si le cede a Neus Munté el puesto de candidata de la Generalitat para intentar salvar los restos del proceso secesionista y evitar que su nuevo partido, DL, se hunda en los comicios adelantados de marzo. En los que ERC y DL ya no irán juntos y en los que ERC espera convertirse en el primer partido catalán. De ahí que no sería extraño que Junqueras exigiera elecciones inmediatas y no se prestara a la investidura de otro dirigente de DL, como Munté, entre otras cosas porque ese gobierno lo quiere presidir él y porque al día de hoy estaría preso de la CUP, tendría los días contados y apenas podría legislar.

Y además Munté no tiene entidad para liderar el proceso secesionista ni para enfrentarse al Tribunal Constitucional. Eso era lo que pretendía hacer Artur Mas para no salir de la Generalitat por la puerta de atrás. Pero no lo ha conseguido y se ha hundido en esa porfía tras cometer gravísimos errores políticos que estaban a la vista de todos pero que él, subido en una ridícula y pomposa soberbia, despreció y ahora así le va.