La corrupción de los Pujol adorna el final de 2015

No hizo bien el rey Felipe VI al olvidar la corrupción en su mensaje de Navidad. Pero la corrupción ha vuelto a salir a flote a finales de este año por distintas vías -Bankia, Granados, Bárcenas, Nóos etc.- y ahora de la mano de los Pujol. Para que nadie se olvide de esta lacra que sin duda es una de las causas esenciales del fin del bipartidismo español y del cambio de Régimen que se anuncia tras las elecciones generales del pasado 20-D.

Cada día que pasa está más clara la estrecha relación existente entre el pretendido proceso secesionista catalán y la corrupción de la cúpula de los nacionalistas de CiU, formación política que acaba de cambiar el nombre huyendo de su corrupción, donde están implicados primeros dirigentes del partido que fundó Jordi Pujol. Empezando por él mismo y toda su familia y del que se proclamó heredero a Artur Mas. De lo que se deduce que la banda corrupta de CiU buscaba la independencia para huir de la Justicia española y ‘blanquear’ su inmensa fortuna.

Pero el pretendido ‘golpe perfecto’ de la banda secesionista y a la vez corrupta les ha salido mal. Y todo apunta a que acabarán mucho peor de lo que ellos se imaginan, porque ni habrá independencia ni habrá impunidad. Al contrario la Justicia avanzará y por ello han sido citados a declarar ante el juez el próximo 10 de enero Jordi Pujol y su esposa Marta Ferrusola. Ambos como imputados por el delito de blanqueo de capitales -e imaginamos que fiscal-, tras descubrirse la enorme fortuna que la pareja e hijos escondían en Andorra y que fue presuntamente amasada en base a las comisiones corruptas pactadas con el Gobierno de la Generalitat.

El caso de Jordi Pujol, padre espiritual del independentismo, se suma al cúmulo de escándalos del 3% de Convergencia, a la violación de la legalidad por Artur Mas en la Consulta del 9N y a la incertidumbre que rodea su pretendida investidura de presidente de la Generalitat de la que tendrá noticias a partir del 3 de enero, una vez que la CUP anuncie su decisión final.

Los Pujol, a los que la Fiscalía ha tratado con guante blanco, quizás por las amenazas que lanzó Pujol en el Parlament de ‘sacudir las ramas del árbol para derribar todos los nidos’, sin que se les exigieran medidas cautelares como a otros encartados en casos similares. Sin embargo parece que los Pujol van a comenzar a desfilar ante los tribunales donde les espera un largo y duro camino procesal del que difícilmente se podrán escapar porque la confesión de Pujol y las pruebas que se han encontrado de la trama son implacables.

Y no resulta extraño que los medios de comunicación de toda España cierren sus portadas de 2015 con la corrupción de los Pujol porque la corrupción política española ha sido protagonista de la legislatura que ahora termina y sin duda pieza maestra del cambio político, y del final del bipartidismo al que estamos asistiendo.

Y todo ello en medio de la confusión y desencuentros que generan los resultados electorales del 20-D, de los que no se desprende una fácil y plausible coalición para la formación de un Gobierno nacional estable y con mayoría suficiente.

Sobre todo vistas las divergencias políticas y enemistades personales que adornan el momento político español en el que no hace mucho los primeros dirigentes del PSOE (Pedro Sánchez) y el PP (Mariano Rajoy) se acusaban mutuamente y en televisión de ‘deshonesto’ y ‘miserable’. Y después de semejantes insultos y mutuas denuncias sobre casos de corrupción, abusos de poder y mal gobierno, no parece razonable que ambos políticos estén en condiciones de pactar un Gobierno nacional, por el interés general del país, cuando lo que Sánchez y Rajoy esperan es salvarse ellos mismos por encima de todo lo demás.

Queda tiempo por delante para madurar un posible acuerdo y a ser posible con otros protagonistas. Aunque antes habrá que deshojar la margarita del enredo catalán donde el caso de los Pujol debería ayudar a los dirigentes de la CUP a entender un poco mejor el riesgo que corren si pactan con Artur Mas.