Rajoy lidera el baile de los ‘espectros’

Atinado estuvo Mariano Rajoy al proponer un Gobierno de ‘amplio espectro’ para defender la unidad y gobernabilidad de España. Porque ‘espectros’ es la calificación más precisa que puede aplicarse al pleno de líderes que, fracasados en los comicios del 20-D, deambulan como zombis por el escenario de la política nacional, incapaces de forjar una mayoría estable que permita abordar los desafíos y problemas del país.

Empezando por el propio Rajoy cuya pírrica e insuficiente victoria le ha dejado en la mayor de las soledades. De la que el líder del PP tiene su indiscutible responsabilidad tras haber dinamitado los puentes con las fuerzas de la Oposición en la pasada legislatura. Empezando por el PSOE al que Rajoy negó la oportunidad de formar Gobierno en el Sur tras las elecciones de Andalucía donde Susana Díaz lideró la lista más votada, lo que no sirvió para que el PP le diera sus votos o al menos le facilitara la abstención. Ahí acabó el discurso de ‘la lista más votada’.

Ahora es el espectro de Rajoy quien, con su liderazgo sin capacidad de diálogo y arrastrando las responsabilidades de corrupción de Gürtel y Bárcenas, está obligado a tragar su amarga medicina, mientras esgrime como solo argumento el discurso de ‘la unidad de España’ que, dicho sea de paso, él no defendió al consentir la Consulta del 9N en Cataluña.

El espectro Rajoy se niega a dar un paso atrás para que otro dirigente del PP, con mejores modales y capacidad de diálogo, intente pactar con otros partidos la pretendida coalición PP, PSOE, Ciudadanos. Incluso sin descartar un Presidente ‘independiente’, o de uno de los otros dos partidos, PSOE o C´S, como ha ocurrido en gobiernos de coalición de la Unión Europea donde una minoría asume la Presidencia.

¿Acaso no dice Rajoy que lo importante es la unidad y la estabilidad de España? Pues que actúe él con generosidad ejemplar marchándose de la primera línea nacional y facilitando la triple gran coalición. Es decir ¡por España!, hágase a un lado señor Rajoy.

Quiere Rajoy, poniendo a España por testigo, que Sánchez y Rivera con riesgo de hundir sus partidos en unas probables elecciones anticipadas le ayuden a mantenerse en la Moncloa y a romper el encantamiento de monumental fracaso político.

Porque ha sido bajo el mandato de Rajoy cuando nos estalló el desafío secesionista catalán, se hundió el bipartidismo y se enseñoreó por toda España la corrupción, mientras crecían el paro y la desigualdad. Y aún quiere Rajoy seguir en la Moncloa, no sabemos bien por qué -todavía puede hundir a La Corona- como tampoco sabemos por qué todavía se lo consienten en el PP donde la exigencia de un urgente Congreso del partido debería ser un clamor.

Espectros de la política también los son Pedro Sánchez que perdió las elecciones y los modales, que tiene roto su partido donde figura como rehén de Susana Díaz. Y lo mismo le ocurre a Artur Mas convertido en marioneta suplicante ante el grotesco espectáculo de la CUP. Mientras, los emergentes Pablo Iglesias y Albert Rivera a la espera están pero sin escaños suficientes para facilitar a izquierda o derecha la estabilidad.

De lo que se deduce un bloqueo político de imposible solución donde el PSOE y el PP deberían hacer un esfuerzo de renovación convocando los Congresos de sus respectivos partidos, para que los nuevos dirigentes ajenos a los desencuentros de la pasada legislatura intenten un pacto o se internen en el incierto camino de nuevas elecciones generales, como las que también se deberían celebrar en Cataluña.

Lo que no cabe imaginar es que los espectros de la política que son los autores del desastre político nacional español y del catalán pretendan ser quienes solucionen los problemas que ellos mismos crearon. De ahí la sonora soledad de Rajoy en España y de Sánchez en el PSOE y de Mas en Cataluña, discurre el baile de los espectros. Una danza macabra que sería irrisoria si no estuvieran de por medio la estabilidad y el interés nacional.