Sánchez ha perdido el centro de la política

Si las elecciones en España -y en otros muchos países- se ganan o se pierden en el centro de la política Pedro Sánchez ha empeorado sus expectativas de victoria, que ya eran casi nulas, tras el bronco debate electoral que mantuvo el pasado lunes con Rajoy y en el que insultó al presidente del Gobierno diciéndole que no era una persona decente.

Aquello fue una agresión impresentable y unos modales impropios de quien como Sánchez aspira a presidir este país en crisis y necesitado de pactos (como lo reconocía ayer Rajoy) y de diálogo para gobernar. Además un ataque innecesario porque Sánchez iba ganando el debate cuando decidió lanzar un obús que resultó un boomerang que se está volviendo en su contra y que, en todo caso, beneficia electoralmente a Rajoy, Rivera e Iglesias.

A Rajoy porque semejante agresión moviliza a los votantes del PP, aunque el presidente del Gobierno también salió mal parado y, salvo que logre una victoria importante el 20-D, será muy difícil que otro partido acepte pactar con un PP presidido por él. De ahí que la bronca televisiva del 14-D a quien ha beneficiado en el PP ha sido a Soraya Sáenz de Santamaría como segunda opción ‘popular’ para presidir un gobierno con pactos.

La bronca del lunes beneficia también a Rivera porque bastantes de los votantes del centro izquierda huirán del PSOE en favor de Ciudadanos, de igual manera que los que huyen de un desarbolado Rajoy también pueden recalar en las alforjas del político catalán.

Y también beneficia a Iglesias porque todo esto le permite reafirmar al líder de Podemos su nuevo ‘look’ de político moderado y conciliador, como se ha visto en los últimos debates y en la valoración que hizo de la bronca afirmando que ‘España no se merece un presidente como Sánchez o Rajoy’. Iglesias quiere ser el Tsipras español y convertir el PSOE en un partido imitador del PASOK.

Digan lo que digan en el PSOE -donde muchos dirigentes reconocen el error de su líder en privado- Pedro Sánchez se equivocó al soltar la ‘bomba atómica’ del insulto sobre un territorio en el que todo parecía estar a su favor y la onda expansiva le alcanzó. Y si se confirman las últimas encuestas sobre intención de voto y el PSOE pierde ante el PP –y no digamos si es superado por Ciudadanos o por Podemos- Sánchez se habrá acabado como líder socialista y de la oposición.

Y sorprende y mucho que un partido como el PSOE haya cometido ese grave error a solo seis días de la votación y cuando toda su campaña electoral se ha basado en la afirmación de que este es un ‘partido de Gobierno’. Lo que no cuadró con el tono y los modales utilizados por Sánchez quien, al contrario, se presentó en el debate como un radical mas cerca del modelo de Podemos, mientras Iglesias aprovechaba la ocasión para ocupar el rol del presidenciable de la izquierda.

Además la bronca ha reanimado la campaña electoral y ya está en el centro de mítines, en declaraciones de los candidatos y dirigentes de todos los partidos y en las redes sociales.

Y lamentablemente también ha servido para dinamitar este debate electoral que se consideraba esencial para el bipartidismo que con semejante espectáculo anuncio su espera defunción. Al tiempo que por causa de la bronca no aparecieron programas, proyectos políticos y análisis de fondo del PSOE ni del PP sobre la realidad nacional y el futuro inmediato de España y Europa. Al contrario se habló mas del pasado y se rompieron los límites de la cortesía y del respeto mutuo entre los candidatos porque Sánchez así lo quiso y se equivocó.