La CUP liquida a Mas

La asamblea de la CUP ha vuelto a rechazar la investidura de Artur Mas como presidente de la Generalitat, con lo que solo quedan dos salidas para el laberinto catalán: investir a otro candidato de ‘Juntos por el sí’ -Romeva, Junqueras o Munté- o adelanto electoral para el mes de marzo de 2016.

En cuanto a Artur Mas su carrera política está acabada por culpa de sus errores y demencial desvarío con el que deja tras de sí a una Cataluña ingobernable y profundamente dividida, CiU destruida y CDC sumida en una profunda crisis política y de corrupción. Y el proceso catalán independentista varado en el dique seco y sin visos de continuidad.

La CUP ha liquidado a Artur Mas, que se había arrastrado por el suelo para ofrecer a los anti sistema múltiples concesiones programáticas e institucionales. Un lamentable espectáculo con el que Mas esperaba convertirse en presidente, aunque solo fuera por unos pocos meses e incluso compartiendo el cargo, para de esa manera liderar el acto de la pública desobediencia al Tribunal Constitucional y marcharse camino de los tribunales -donde de todas las maneras se le espera- como un pretendido héroe nacional.

Pero la ceguera de Mas era completa y en vez de una retirada ordenada como la que debió protagonizar, presentando su dimisión en la noche del 27-S tras el fracaso del plebiscito y de su coalición, Mas se agarró a la CUP como su tabla de salvación. Y al final ha sido la CUP la que, de manera mayoritaria en su Asamblea, le ha vuelto a decir que ‘no’ y lo señalado como el responsable político de la corrupción del 3% de CDC y como autor de los duros ajustes sociales de su gobierno que además va a dejar a Cataluña al borde de la quiebra.

Y ahora y agotados todos los plazos a Mas no le queda más salida que convocar unas nuevas elecciones autonómicas para el próximo mes de marzo -¡las quintas en los últimos seis años!- o dar un paso atrás para dejar que la CUP invista presidente a otro candidato de la coalición de ‘Juntos por el sí’ como podía ser Neus Munté, Oriol Junqueras o Raúl Romeva, quedando Mas en un segundo y oscuro plano.

¿Qué pasará en Cataluña en las próximas semanas y meses? Nadie lo sabe. Puede que el gobierno en funciones de Mas permanezca hasta la celebración de las elecciones generales del 20 de diciembre, a ver si se produce un importante cambio político en el Gobierno español que les permita a los secesionistas vislumbrar una salida al callejón en el que se han metido. Lo que tampoco será fácil que ocurra porque tanto el PSOE como Ciudadanos se oponen frontalmente al proceso catalán.

Luego está la idea de unas nuevas elecciones catalanas -como lo pide una mayoría de ciudadanos según una reciente encuesta del diario La Vanguardia-, sobre todo si antes del 10 de enero de 2016 ningún candidato ha sido investido presidente de la Generalitat. Con dichas elecciones anticipadas amenazó Artur Mas incluso a su gobierno, pero falta por ver si se atreve a tanto porque sabe que en esos comicios los favoritos serán Ciudadanos y ERC y que en ellos se hundirá CDC.

El propio Mas se ha buscado su fracaso y el del proceso secesionista. Y ha ampliado la crisis política, económica e institucional de una Cataluña más dividida que nunca. Lo ha buscado y lo ha encontrado cabalgando a ciegas sobre un sin fin de mentiras como cuando anunció la victoria en la noche del 27-S, a pesar de que perdió el plebiscito y los catalanes le negaron una mayoría para gobernar.