Valls habla de armas químicas y España debate si va a la guerra

Aunque en su primera intervención tras la masacre terrorista de París el presidente de Francia François Hollande habló de firmeza y ‘sangre fría’, todo apunta a que los primeros dirigentes de nuestro vecino país han decidido dejar lo de la ‘sangre fría’ para otra ocasión y no cesan de tomar medidas de todo orden, político, policial, militar y legal. Incluso llamó la atención y creó alarma la declaración del primer ministro Valls en la Asamblea francesa advirtiendo del riesgo de que los terroristas puedan utilizar armas químicas y bacteriológicas.

Palabras mayores que se podrían ubicar en el ‘más vale prevenir que lamentar’, pero falta por saber si Valls habló solo como una posibilidad, o si tiene en su poder algún tipo de información que le haya conducido a hacer esas afirmaciones. No en vano, días atrás y tras los ataques del viernes 13, Valls dijo que esperaba otro ataque terrorista y se descubrió al comando de Saint Denis, afortunadamente desarticulado que estaba dirigido por el jefe de los comandos Abdelhamid Abaaoud, que resultó muerto en el asalto al piso franco de Saint Denis.

Los atentados de Francia han abierto por otra parte un gran debate en España sobre la valoración de la crisis parisina y sobre el posible nivel y eficacia de la respuesta a dar a los terroristas. Hollande les declaró la guerra, pidió la colaboración de los aliados europeos y dio orden de intensificar los bombardeos de su aviación contra objetivos sirios del ISIS. Y ahora Valls habla de las armas químicas y bacteriológicas, o de destrucción masiva.

Y ya son varios los analistas que comparan esta crisis con la reacción del ex presidente de EE.UU. Georges W. Bush cuando tras el ataque terrorista de Al-Qaeda a las torres gemelas de Nueva York habló de guerra contra ‘el eje del mal’ y al poco tiempo desencadenó su guerra de Irak con diciendo que Sadam Hussein tenía armas de destrucción masiva, que luego nunca aparecieron.

En España el sí o no a la participación de nuestro país en una guerra contra el ISIS en Siria e Irak -países donde han ocupado territorios- ha abierto un tenso debate político en plena precampaña electoral. Sobre esta cuestión el presidente Rajoy ha pedido prudencia y discreción y da la impresión de que la decisión final quedará en manos del gobierno que saldrá de las elecciones general del 20-D, aunque algún partido como Ciudadanos se ha decantado a favor de que España se integre en una fuerza militar conjunta para combatir el ISIS sobre el terreno, bajo el mando de la OTAN y con la bendición de la ONU.

Parece prematuro hablar de esa nueva guerra sin que previamente exista una estrategia militar común de los aliados y proyecto político para el día después de los combates, porque la experiencia de Irak y Afganistán ha demostrado que acabados los combates, que siempre ganan los aliados, sus soldados se van y el caos y el terror se vuelve a instalar en dichos territorios, como está ocurriendo ahora en los dos citados países y en Siria.

En todo caso, y ya lo hemos dicho en estas páginas, España no está en condiciones de sumarse a una guerra contra el terror yihadista por el riesgo de atentados que tiene nuestro país, dotado de fronteras muy vulnerables. Además tenemos al acecho el desafío secesionista catalán contra la unidad de España -que veremos si avanza en próximas horas-y finalmente debemos saber el potencial militar español es inferior al de las grandes potencias.

Y todo esto a buen seguro que lo entiende el Gobierno de Francia y el resto de nuestros aliados occidentales. Y parece que así lo entiende también el presidente Rajoy que además pide la máxima discreción sobre la posible participación española en la respuesta militar al ISIS porque el presidente no olvida lo ocurrido en la masacre de Atocha en Madrid de marzo de 2004, tras el apoyo de Aznar a la guerra de Irak.

Prudencia, discreción y no enviar tropas a un nuevo conflicto armado debería ser la posición del Gobierno de España en coincidencia con lo que además piensa y siente una mayoría de españoles. De ahí nuestra sorpresa por la actitud belicista de Albert Rivera comparando dicha posibilidad con otras misiones de paz en las que participa España, lo que no es el caso en la actual situación.