‘La Vanguardia’ enseña el camino

Los ataques terroristas de París han concitado una solidaria y a la vez enérgica respuesta de la Unión Europea que es aplicable frente a todo acto de terror, venga de donde venga, y ha estrechado los lazos entre los gobiernos y ciudadanos europeos en defensa de la vida, la libertad, la democracia y la ley como lo subrayaron los primeros gobernantes de Francia.

Una UE que se enfrenta al problema de los inmigrantes refugiados y a la salida de la crisis económica europea y que no consentirá -y menos aún en las actuales circunstancias- ninguna aventura secesionista en el territorio de la UE o la violación de la legalidad nacional y europea tal y como lo ha pretendido Artur Mas con el anunciado inicio del ‘proceso’ hacia la independencia de Cataluña, ahora suspendido por el Tribunal Constitucional.

En Cataluña no hay más salida que la rectificación y eso pasa por la dimisión de Artur Mas y la convocatoria de elecciones anticipadas. Rectificación y regreso a la legalidad como lo ha solicitado el diario La Vanguardia, que también ha hecho su propia reconversión, ahora que conocen el engaño y se sienten defraudados por Artur Mas y CDC tras abandonar la legalidad, desafiar al Estado y ponerse al servicio de los grupos antisistema de la CUP.

En su editorial de ayer lunes el rotativo barcelonés, donde figura como Presidente y Editor Javier Godó, se escribía bajo el título de ‘Parálisis catalana’: “Se han cometido errores de bulto. Fue un error anticipar las autonómicas del 27-S, en lugar de celebrarlas tras las generales. Lo fue contar escaños y no votos para seguir con el proceso. Lo ha sido dar por agotada la vía negociadora y situarse al margen de la ley. Lo ha sido hacer concesiones a la CUP lesivas para la dignidad institucional”.

Solo les faltó señalar al autor y responsable de esos errores, la persona que ha de asumir su responsabilidad con la dimisión que es Artur Mas. No hay otra salida porque quienes han conducido Cataluña a tan desastrosa situación carecen de autoridad moral y política para liderar una nueva etapa de reencuentro y rectificación.

Y no deja de ser llamativo que la dimisión de Mas sea inevitable para reconducir la situación catalana, empezando por el regreso al campo de la legalidad. E incluso que la pidan algunos de sus compañeros de viaje de la CUP, ERC y CDC como la solución para desbloquear la investidura de otro candidato a presidente de la Generalitat. De lo que se deduce que Artur Mas no tiene, al día de hoy, escapatoria posible.

Lo sabe desde la noche del 27-S cuando, fracasado el plebiscito y el intento de lograr una mayoría absoluta de ‘Juntos por el sí’ no quiso reconocer la verdad y se ofreció a la CUP. Desde entones Mas sabe que el ‘proceso’ está muerto y que,incluso pasando la línea roja de la desobediencia al TC y de la provocación al Estado no logrará nada. Pero él esperaba que su salida de la política se debiera a la suspensión de sus funciones de President por el Tribunal Constitucional y le llegara sentado en el primer despacho de la Generalitat. Por eso le imploraba a la CUP una investidura para solo unos meses de gobierno.

El cambio de la línea editorial e informativa de La Vanguardia en pos de la defensa de la legalidad y de la unidad de España, ahora que ven que cualquier atisbo de dialogo o de negociación es imposible desde la ilegalidad, puede ser importante por la influencia de este diario en sectores influyentes de la sociedad catalana. Los que han amparado la locura de Mas y han visto en la ruptura de la legalidad y las cabriolas y reverencias de su ídolo ante la CUP el verdadero rostro de una ambición personal, ajena al interés general del pueblo catalán y a los valores y programas que hasta hace poco defendía CDC.

Y entendemos que, en las actuales circunstancias catalanas, no es fácil posicionarse con claridad y determinación frente a sentimientos y a posiciones encontradas en una sociedad muy dividida, casi partida por la mitad. Pero éste es el tiempo de la verdad y del realismo político. Y de anteponer el interés general al partidario o al particular. Y por más que a muchos en Cataluña, defraudados y frustrados con la situación, les duela la idea de la rectificación que propone La Vanguardia, pronto verán -si las aguas regresan a su cauce-, que es el mejor camino posible y el único que un día no muy lejano permitirá recomponer la unidad catalana y abrir las puertas al diálogo y al entendimiento nacional.