Mas solo busca su ‘salvación’

Son muchas las personas de relevancia social en Cataluña, próximas a Convergencia y a Artur Mas desde hace ya muchos años que ahora se sienten engañados porque nunca creyeron que Mas intentaría romper con España saltándose la legalidad y pactar un gobierno con los grupos anti sistema de la CUP. Todo ellos se sienten traicionados y algunos están en su gobierno en funciones o figuran entre los dirigentes de CDC o en colectivos empresariales de su entorno y de alto nivel económico y social.

Ahora muchos de estos ex seguidores de Mas y su ‘proceso’ dicen que el presidente en funciones de la Generalitat los ha defraudado y ‘se ha vuelto loco’ o ‘echado al monte’ y a perder. Y a buen seguro que no les falta razón, pero ellos han contribuido con su entusiasmo inicial a ese proceso temerario de la sinrazón de Artur Mas.

El que, por más que diga y prometa en el Parlament, ya no busca la investidura para alcanzar la independencia de Cataluña porque sabe que es imposible ante la clara firmeza del Estado (‘la Constitución prevalecerá’, dijo ayer el Rey). De ahí que Mas ahora no tenga más objetivo que su propia ‘salvación’, para lo que necesita ser investido President de la Generalitat antes de subir al cadalso de la suspensión e inhabilitación que le impondrá el Tribunal Constitucional una vez que, investido, pise la línea roja de la desobediencia y la provocación.

Imaginamos que Junqueras en ERC y Baños en la CUP también saben que no tienen nada que hacer frente a la legalidad y el Estado español, salvo ruido de cara a otras elecciones autonómicas, o con vistas a las generales del 20-D en el caso de ERC. Pero da la impresión que ERC ni la CUP han entendido el porqué Artur Mas se arrastra por el suelo implorando su investidura. Solo quiere el cargo de presidente de la Generalitat para despedirse del poder ‘en olor de multitud’.

De lo contrario saldría de la política por causa de una patada en el trasero propinada por los dirigentes de la CUP y con el sambenito de corrupto y responsable de maltratar a las clases más desfavorecidas de la sociedad. Este final, por nada del mundo, lo quiere Mas. Y por ello le pide e implora a la CUP un mandato de cuatro años, o 18 meses, o sólo de 10 meses con menos poder y moción de confianza, o incluso de unas semanas solo para sentarse solo un rato en la Generalitat y escenificar la ruptura y su autoinmolación.

Sin duda otro disparate más que, a estas alturas, carece de grandeza y dignidad, al tiempo que desprecia y lleva a sus compañeros del Govern y de CDC a un suicidio colectivo como si de una secta de fanáticos -que lo son- se tratara. Y luego ¿qué? Pues entonces imperará la frustración del espejismo creado por Mas sobre una colección de mentiras y unas promesas que nunca podía cumplir. Y hasta los independentistas de buena fe, que los hay, se sentirán engañados porque el falso Moisés no tenía poder para abrir las aguas del Mediterráneo camino del paraíso que nunca existió.

Mas no quiere la independencia porque, como la zorra ante las uvas de la alta parra, dice que está verde. Solo quiere adornarse con su toreo de salón, pero tampoco eso levantará clamores porque el tiempo acabará dejando en evidencia su impostura y su fracaso político. El que al día de hoy empieza a convertirse en imparable realidad.