El TC suspende el desafío y Mas busca la sedición

El Tribunal Constitucional ha admitido a trámite el recurso presentado por el Gobierno en contra de la resolución del Parlamento catalán que anuncia el inicio del proceso para la independencia de Cataluña y la desobediencia a los tribunales e instituciones de España. La decisión del TC incluye la suspensión de la resolución de la Cámara catalana y la advertencia a las primeras autoridades del Parlament y la Generalitat de que deberán acatar su decisión para evitar incurrir en el delito de desobediencia. Pues bien, la vicepresidenta en funciones del gobierno catalán, Neus Monté, se declaró ayer mismo en rebeldía al anunciar que no obedecerá al TC sino solo al Parlamento catalán.

Artur Mas está entre la espada de la Justicia y la pared de la locura, y todo apunta a que tanto él como su partido Convergencia están perdiendo su última oportunidad de regresar a la realidad y la legalidad. Y en vez de reunirse con la cúpula de este partido y el pleno del Gobierno en funciones (donde hay consejeros que discrepan de Mas) y conversar con los principales actores empresariales y sociales del país, Mas se ha vuelto a colocar fuera de la ley, arrastrando a su Gobierno por la vía de la desobediencia al TC.

Y se ha reunido en secreto con los dirigentes de la CUP para ver si este jueves, y en plena suspensión de la resolución secesionista, consigue su investidura a cambio de prometer al partido anti sistema tres vicepresidencias en el gobierno catalán y su pública desobediencia al Tribunal Constitucional, lo que hoy veremos que impacto ha causado en la CUP durante la segunda votación de invedtidura que se celebrará en el Parlament.

Mas sabe a lo que se enfrenta y parece decidido seguir. Y lo único que le preocupa es ser investido presidente de la Generalitat en pos de lograr su victimismo y presunta heroicidad en el final de su carrera política que, como le ocurrió a Ibarretxe, está al llegar aunque adornada con fuegos artificiales que esperemos que no pasen de ahí. Pero si no consigue la investidura a Mas solo le queda un cartucho -amen del de ser desalojado del proceso como un apestado y por la CUP- que la convocatoria de nuevas elecciones anticipadas.

Aunque de momento y en espera de la votación, Mas y sus aliados de ERC y CUP, que ya saben que la independencia está vedada, solo buscan un enfrentamiento de mayor cuantía. Y no solo van a desobedecer la suspensión de la resolución del Parlamento Catalán acordada por el Tribunal Constitucional sino que pretenden movilizar una parte de la población y de las instituciones catalanas, como las 400 alcaldías que gobiernan los secesionistas y cuyos primeros ediles acompañaron a Mas el día que tuvo que declarar ante el Tribunal Superior de Cataluña sobre su presunta desobediencia y malversación en la Consulta del 9N.

Y si hay movilizaciones -como la ya convocada para el domingo por la Asamblea Nacional de Cataluña- Mas y cargos públicos de todo orden que le sigan habrán incurrido en delito de sedición que incluye multas, inhabilitación y penas de hasta 15 años de prisión. Y ojalá que entonces no se produzcan actos de violencia porque en ese caso estaríamos ante un escenario penal superior relativo al delito de Rebelión, con penas de hasta 25 años de presión.

A partir de ahora todo discurrirá más rápido. En primer lugar cabe que la presidenta del Parlamento catalán Carme Forcadell se pronuncie sobre la decisión del TC en la misma línea de rebeldía de la vicepresidenta Munté. Luego se votará en la Cámara catalana por segunda vez la investidura de Mas a cambio de la promesa del presidente de liderar el enfrentamiento con el Estado y de crear tres vicepresidencias. Y, a partir de ahí, entrará en juego el TC con sus sanciones y derivadas de orden penal, y la Fiscalía del Estado que podrá movilizar las fuerzas de orden público para que se cumplan las sanciones del alto tribunal.

Y ¿esto es lo que quieren para Cataluña y España Mas, CDC, ERC y la CUP? Pues si es lo que buscan lo van a encontrar. Pero ni el Gobierno de España ni las fuerzas políticas democráticas españolas darán un paso atrás. Está en juego ni más ni menos que la Constitución, la unidad nacional, la democracia y el principio de legalidad.