Reforma de Ciudadanos: mismos perros con distintos collares

A la espera de estudiar con más detenimiento la pretendida reforma política que ha presentado Ciudadanos, tenemos que anunciar una seria decepción porque por lo que vamos conociendo se trata de dejar todo más o menos como está en la pieza fundamenta de la reforma que necesita España: la separación de los poderes del Estado. Lo que, sin la menor duda, constituye el cáncer de la partitocracia oligárquica de este país y el principal problema político del régimen de la transición.

En España, lo vamos a repetir hasta la saciedad, no hay separación de los poderes del Estado sino de sus funciones y de ahí nace el abuso de poder, la falta de controles democráticos, la baja calidad de muchos de los gobernantes y la corrupción ambiental del Estado. Y, en contra de lo que dijo Alfonso Guerra con alevosía y maldad, Montesquieu no ‘murió’ en España con la reforma que Felipe González impuso a la ley Orgánica del Poder Judicial para estrechar el control de los jueces, como ahora lo ha vuelto hacer Rajoy en esta legislatura con otra vuelta de tuerca a la Justicia.

En realidad Montesquieu y su ‘Espíritu de las leyes’ nunca estuvo en nuestro país desde el inicio de la transición. Porque en España no hay separación de poderes si no solo de funciones y el jefe del partido que gana las elecciones se queda con el Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y otros muchos adyacentes (medios públicos y privados) y todos y cada uno de los organismos públicos y reguladores del Estado.

Y ¿qué propone Ciudadanos frente a esta lamentable situación? Nada nuevo, solo un cambio de actores y procedimientos pero en el fondo que toda siga igual. Que el jefe del partido que gane las elecciones, bien con su mayoría o en coalición, controle la cabecera del poder Judicial (en este caso a través del Presidente del Supremo) y, por supuesto, y con sus diputados el poder Legislativo y la presidencia del Gobierno, es decir el Ejecutivo. Los mismos perros con distintos collares, para que todo siga igual.

La única novedad estará en que los tres poderes, al menos en esta ocasión del 20-D, se los repartirán en vez de un solo partido puede que dos y en coalición. Pero el fondo y las carencias democráticas seguirán.

En estas páginas –y ahí sigue abriendo nuestra sección de Opinión, nuestro Decálogo para la reforma democrática- hemos ofrecido a los lectores y a quien desee debatir una seria de propuesta de reforma democrática un decálogo de puntos donde destacan tres relativos a la separación de los poderes del Estado:

— Un sistema Presidencialista en el que el jefe del Ejecutivo no lo elige el Parlamento, o los diputados controlados por los ‘aparatos’ de cada partido, sino todos los españoles en una votación de circunscripción nacional y con sufragio ‘universal’ a dos vueltas. Un Presidencialismo aplicable con la Monarquía o la República, que previamente deberán someterse a referéndum.

— Un Parlamento elegido en elecciones distintas a las presidenciales, con un nuevo sistema electoral de representación directa y nominal a dos vueltas. Con circunscripciones amplias y con una ‘prima’ de cincuenta diputados al partido ganador para favorecer la estabilidad y formación del gobierno.

— Un Poder Judicial elegido sólo por los cuerpos jurídicos del Estado y con un estricto reglamento donde prime el mérito, la experiencia y la antigüedad. Un Poder Judicial donde no intervienen el Parlamento ni el Presidente del Ejecutivo (ni siquiera en el ámbito constitucional).

Mientras todo esto no se plantee así, o de una manera parecida, el problema esencial de la democracia española quedará como está. Y sorprende que Ciudadanos no se haya ocupado de esta cuestión que es la pieza maestra de todo lo demás y solo se haya dedicado a disfrazar el mal sistema partitocrático que tenemos para que todo siga igual. Los mismos perros con distintos collares, que dice el refranero español.