Mas perdió el plebiscito

Rotundo fracaso político de Artur Mas al convertir las elecciones autonómicas de este 27-S en un plebiscito sobre la independencia de Cataluña que los secesionistas (47,8 %) han perdido frente a los españolistas (52,2%), por más de 5 puntos de diferencia, aunque la distancia que separa a ambos es de apenas 200.000 votos lo que no deja de ser alarmante y confirma una profunda fractura en el seno de la sociedad catalana. La que acudió a votar de manera masiva con una participación del 77,4% (10 puntos más que en 2012 con el 67,7%) para finamente dibujar un parlamento catalán casi imposible de gobernar por las diferencias programáticas e ideológicas que separan tanto a los independentistas como a los españolistas.

La carrera política de Artur Mas está acabada porque, además de fracasar en el plebiscito, tampoco ha logrado la mayoría absoluta que reclamaba para su lista de ‘Juntos por el sí’ donde CDC y ERC han perdido 9 de los 71 escaños que obtuvieron en 2012, a pesar de que fueron acompañados de otros movimientos sociales que no han aportado nada.

Lo que es peor, Mas deja tras de sí un gran desastre porque ha roto la sociedad catalana, ha roto y destruido CiU que, de 50 escaños en 2012 se quedó reducida a 36 escaños y sin posibilidad de pactos razonables salvo con ERC y la CUP que están en las antípodas de su ideario liberal/conservador por lo que difícilmente podrá liderar un gobierno de coalición. Y con el fracaso de Convergencia Mas ha dejado en pésima posición y bajo los auspicios de ERC y la CUP al conjunto de la burguesía nacionalista catalana que decían representar y que tampoco les ha seguido en esta su última y demencial aventura política.

La alternativa a Mas y Convergencia en Cataluña en elecciones del 27-S se llama Ciudadanos, partido liderado por Albert Rivera y en Cataluña por Inés Arrimadas que ha obtenido un resultado espectacular como segundo partido catalán con 25 escaños -16 más que en 2012- y un 18 % de los votos.

Ciudadanos ha merecido su victoria catalana con un buen y un moderado discurso que incluía propuestas de gobierno y la defensa de la unidad de España. Y este indiscutible triunfo lanzará a Albert Rivera sobre las elecciones generales del 20 de diciembre como un nuevo y posible vencedor –algunas encuestas lo sitúan en este momento en segundo lugar por detrás del PSOE y por delante del PP-. Porque está claro que el discurso y liderazgo de Rivera y la trayectoria de Ciudadanos con sus buenos resultados en: las elecciones europeas de 2014, andaluzas de marzo de 2015, municipales y autonómicas de mayo de este año y ahora en las catalanas del 27-S, muestran una proyección ascendente e imparable que veremos hasta donde llega.

El ascenso de Rivera va a afectar seriamente al Partido Popular y también al PSOE. Un PP que es el gran perdedor de la noche catalana al lograr solamente 11 escaños de los 19 que tenía en 2012, y en el que el nuevo liderazgo de Xavier García Albiol con su discurso del miedo no les ha servido de nada, sino más bien al contrario ha provocado un gran rechazo y enviado muchos votos españolistas a los brazos de Ciudadanos. Sin embargo y, justo es reconocerlo, el discurso del PP y del Gobierno de Rajoy, y de los empresarios y los banqueros advirtiendo a los catalanes de los peligros evidentes de la independencia de Cataluña, si ha servido para movilizar la participación electoral y con ello para hacer fracasar el plebiscito de Artur Mas.

En el flanco izquierdo españolista el PSC-PSOE puede decir que ‘ha salvado los muebles’ con el simpático y limpio liderazgo de Miquel Iceta, porque venían de una escisión de dirigentes y militantes en Cataluña y porque, por primera vez, se han enfrentado en ese territorio a Podemos, unidos a ICV en una alianza que resultó un fracaso porque pasó de 13 escaños de ICV en 2012 a 11 escaños ahora en 2015. Y ello con ayuda de Podemos y Pablo Iglesias como estrella de su campaña electoral. Lo que supone un serio fracaso de Podemos y del propio Iglesias, lo que sin duda tendrá malas consecuencias para Podemos en los comicios generales de diciembre y le dará un buen respiro a Pedro Sánchez y al PSOE.

Ahora bien, hecho el repaso de los resultados y posibles consecuencias entre las que se debe incluir la dimisión de Artur Mas como lo pidió anoche Inés Arrimadas desde Ciudadanos, la pregunta que se plantea es la de: ¿qué pasará a partir de ahora en Cataluña y en las relaciones de Cataluña en España? Y no es nada fácil hacer un pronóstico sobre el famoso día después del 28-S que ahora comienza.

Pero para empezar Artur Mas no está en condiciones de pedir al Estado, como pretendía, una negociación para facilitar la independencia de Cataluña porque ha perdido el plebiscito y la mayoría de catalanes ha dicho alto y claro que prefiere seguir en España. Y también porque Mas ya no es un interlocutor válido en el conjunto del independentismo catalán porque cuenta con el rechazo de la CUP que ya anunció que no votaría la investidura de Mas como jefe de Gobierno y que no apoyaría la independencia de Cataluña si no se conseguía el 51 % lo que no pasó.

Y si a pesar de todo esto es que muy claro Mas se empeña en forzar, con o sin su presidencia en la Generalitat, una declaración de independencia del parlamento catalán, en ese caso si se va a encontrar con el Estado pero enfrente y de manera contundente e implacable. Y para colmo no contará con el menor apoyo o simpatía internacional tras su fracaso en el plebiscito y lejos de esa mayoría absoluta que pretendía lograr.

Eso no quiere decir que los problemas catalanes han acabado ni mucho menos. Pero si podemos decir que ha pasado lo peor. Eso es lo que en estos momentos pensará algo aliviado Mariano Rajoy de quien se dice que está pasando un mal momento anímico y varias razones tiene para ello vistos los resultados del PP en Cataluña, su cuarta derrota en lo que va de legislatura. Y el lugar donde acaba de comprobar -ya le pasó en las elecciones del pasado 24-M- que el discurso del miedo y de la recuperación económica ni impresiona ni consuela al conjunto de la sociedad. Como sabe Rajoy que su liderazgo y su partido sufren rechazo social y que sus posibilidades de lograr pactos, tras las elecciones generales, son escasas o casi imposibles, lo que le podría situar en una hipotética pista de despegue o de salida del primer plano de la política ante la cabalgada imparable de Ciudadanos. Una pista de despegue y fin de carrera política donde ya está situado Artur Mas.