Cae la cúpula de ETA

Los dos primeros dirigentes de la cúpula política de ETA David Pla e Iratxe Sorzabal han sido capturados ayer en el sur de Francia por fuerzas policiales de ese país en colaboración con la Guardia Civil española. Se trata de una importante operación policial con la que parece abatida la cabeza de la serpiente etarra, por más que falta por saber que ocurre con el tercer miembro de la dirección Josu Ternera, que al parecer logró huir de esta redada aunque fuentes policiales aseguran que está al caer.

Fue el 20 de octubre de 2011 cuando ETA anunció el fin de la violencia o el alto el fuego permanente, y lo cierto es que así ha ocurrido desde entonces -sin que se produjeran atentados- con el claro objetivo de favorecer la presencia política de Bildu en las instituciones del Estado y en el País Vasco. Pero ETA se ha negado a disolverse y a entregar las armas, cerrando así un periodo de terror que se inició en 1968 con el asesinato del guardia civil Pardines, cuyo nombre se le ha otorgado a esta operación policial en honor póstumo a citado guardia civil.

Precisamente Pla y Sorzabal, en compañía de la etarra Izaskun Lesaka, fueron dos de los encapuchados que anunciaron en un video el fin de la violencia. Desde entonces se dedicaban a cuidar los zulos donde aún guardan un arsenal y de coordinar iniciativas con los presos etarras, pero sin tomar ninguna iniciativa violenta. Lo que judicialmente no les va a restar responsabilidad porque ambos dirigentes de la banda están acusados, cada uno de ellos, de haber participado en tres atentados con pérdida de vidas.

Para el ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, la caza de estos dos dirigentes de ETA constituye el ‘acta de defunción de ETA’, una frase que parece prematura porque no es la primera vez que se captura a los jefes de la banda como ha ocurrido ahora, sin que ello garantice que la organización no nombre a otros etarras al frente de su aparato político en los próximos meses. Además, el histórico Ternera –en fuga y en ETA desde el final de los años 80 y tras haber pasado 9 años en la cárcel- de momento no ha sido capturado y él es sin duda el más emblemático de los dirigentes etarras en la clandestinidad, de la misma manera que Arnaldo Otegui –aún en prisión- sigue siendo el líder político.

El propio ministro de Interior Fernández Díaz ha precisado que él no cree que, tras la detención de Pla y Sorzabal, ETA vaya a anunciar su disolución y entrega de las armas. Dos cuestiones que siguen estando en el centro de las discusiones de los presos de ETA, sobre todo ahora que muchos de sus dirigentes más moderados creen que la disolución de la banda permitiría poner en marcha en el País Vasco un proceso de corte independentista similar al que se está desarrollando en Cataluña.

Pero no parece que el cierre de ETA y la entrega de las armas pueda ser algo inmediato, máxime cuando los terroristas presos exigen que el gobierno de Madrid acerque los presos al País Vasco y abra una nueva negociación con ETA, lo que es de todo punto imposible.

Lo que si ocurrirá es que el debate en el interior de ETA se agudizará entre los que quieren la disolución y reinserción en la vida pública y los del sector duro que se niegan a la rendición y al reconocimiento de las víctimas. Sin embargo la captura de Pla y Sorzabal ha sido para ellos una pésima noticia que abundará en su desazón.

Sobre todo si, como se dice en el entorno policial, Ternera está al caer. Lo que no será fácil, pero si ocurre el alcance de la operación Pardines será mucho más importante y su impacto en el seno ETA muy superior. Un duro golpe a una banda terrorista que ya ha perdido su guerra con terror y que no tiene otra salida que la entrega de todas sus armas y su disolución.