La corrupción de Convergencia, las tensiones políticas las mentiras económicas abren la campaña catalana

El resultado de las elecciones catalanas del 27-S no permitirá, ni por asomo, la independencia de Cataluña al margen de la legalidad. Pero si un grave deterioro de su vida política, económica y social camino de un Parlamento catalán fraccionado y casi imposible de gobernar, donde la izquierda populista- como ya ocurre en el ayuntamiento de Barcelona- intentará hacerse con el poder catalán si se confirmara el fracaso de la intentona secesionista que en nombre de la burguesía ‘sentimental’ y nacionalista catalana lideran Convergencia y Artur Mas y sus aliados de la izquierda radical de ERC y Oriol Junqueras.

La campaña electoral de las elecciones ‘plebiscitarias’ y autonómicas del 27 de septiembre en Cataluña ya está en marcha en medio de una nueva escalada de tensiones políticas, agitadas por los escándalos de la corrupción que implican a Convergencia Democrática (CD) y a su líder Artur Mas, y que contaminan la candidatura secesionista de ‘Juntos por el sí’ participada por Oriol Junqueras con ERC y un grupo de candidatos independientes y organizaciones secesionistas.

Corrupción que, unida a las flagrantes mentiras sobre la pretendida independencia de Cataluña y el derecho de autodeterminación y a las falsas ventajas económicas y fiscales de una Cataluña independiente (léase el demoledor libro de Josep Borrell ‘Cuentas y cuentos de las independencia), garantizan una campaña electoral de máxima tensión política que abundará en la fractura política y social de los ciudadanos catalanes y entre Cataluña y el resto de España.

Una campaña donde no solo van a actuar, como ocurrió hasta ahora, los políticos catalanes y medios de comunicación de esa Comunidad, mayoritariamente controlados por el nacionalismo secesionista, sino que en ella se van a volcar todos los dirigentes políticos españoles y medios de comunicación nacionales –públicos y privados- para una obligada clarificación del burdo y falsario proceso secesionista.

Y falta por ver si en todo ello también se implican –como ocurrió en el referéndum de Escocia- las grandes empresas y entidades financieras catalanas y españolas a fin de dejar clara la inviabilidad económica de la independencia, además de imposible desde el punto de vista legal y constitucional.

Hoy mismo, en el diario El País el ex presidente del Gobierno, Felipe González, hace un llamamiento y advertencias a los catalanes -que debió de haber hecho González hace tiempo al PSC de Maragall, Montilla y a Zapatero-, donde dice que nunca habrá negociación con quien rompe la legalidad. Y se espera que, también hoy, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy hable de la campaña en su intervención de apertura del curso político que se producirá en Pontevedra. De igual manera se espera que desde los partidos emergentes de Podemos y Ciudadanos se lidere otro tipo de protagonismo en la campaña catalana, al que se sumará Unió, el partido escindido de CiU que lidera Duran i Lleida.

Sin duda las investigaciones de un juez catalán sobre el cobro en serie de comisiones de corrupción de la empresa Teyco, en el beneficio de Convergencia Democrática, y que no cesan de arrojar indicios sobre la verdadera implicación del partido que lidera Artur Mas ha estallado en el corazón de la campaña. Y amenaza la credibilidad y la estabilidad de la candidatura de ‘Juntos por el sí’, desde donde Junqueras pide a Mas ‘hechos’ que lo alejen de la sospecha y de la corrupción, lo que no será fácil que ocurra porque la responsabilidad política de Mas en este caso y en otros muchos de la corrupción de Convergencia está probada y ya veremos si no acaba convertida en responsabilidad penal.

La respuesta de los independentistas, especialmente de Mas, de decir que ‘el Estado hace guerra sucia en la campaña electoral’, es decir la vuelta al victimismo y al discurso de las ‘agresiones de España’, no es suficiente para convencer a la sociedad catalana, que viene de conocer con estupor el reguero de corrupciones de la familia Puyol, liderada por el líder y fundador de Convergencia, Jordi Puyol, y cuando este partido tiene embargada sus sedes por los escándalos del Palau de la Música de Barcelona. Lo que podría facilitar un pancarta en la Diada del próximo día 11 de ‘Convergencia y los Puyol nos roban’.

Si a todo ello unimos el tobogán de malas noticias económicas que llegan a España de Grecia, China y Brasil y que afectan a los mercados internacionales, incluido el español, veremos que los riesgos que hoy planean sobre el presente y futuro político de Cataluña (y de España) son importantes.

Sobre todo si se añade el riego mayor de la inestabilidad política ante el deterioro del bipartidismo en España y el auge de movimientos populistas –como los que ahora gobiernan las primeras alcaldías del país-, y especialmente ante la fragmentación política catalana que se anuncia para el día después del 27-S, un Parlamento catalán muy difícil o imposible de gobernar, con hasta ocho fuerzas políticas allí presentes (CD, ERC, PSC, PP, Ciudadanos, Podemos, Unió, CUP). Lo que hará muy difícil la formación de un Gobierno que, en principio, podría estar entre los independentistas y la izquierda populista y radical, salvo que el españolismo –PP, Ciudadanos, PSC y Unió- consiguiera un resultado sorprendente que les permita gobernar.

Un panorama bien oscuro para Cataluña provocado por Artur Mas que, en el caso de facilitar un gobierno independentista y de cumplir Mas su promesa de declarar la independencia de Cataluña en el Parlamento con la sola mayoría de los diputados secesionistas, obligaría al Estado español a suspender la autonomía y varias instituciones de Cataluña, lo que tendría también repercusión en la situación política, económica y social de Cataluña, y en el conjunto de España.

Y es, en medio de este preocupante panorama político, cuando se abre la campaña electoral de los comicios del 27-S que, además del riesgo que incluyen, también podrían provocar un fracaso fulminante y por muchos años del independentismo catalán, como consecuencias del ‘seny’ –sentido común- y realismo de las clases medias catalanas que esperamos que no se suban al carro de la locura independentista con la que muchos de los dirigentes y fundadores de Convergencia esperan eludir y tapar –con la vadera estelada- sus enormes responsabilidades en la corrupción, el abuso de poder y el incumplimiento de la legalidad.