Rajoy, el español impasible, avanza

Rajoy, el español impasible, avanza indiferente pero con paso firme hacia las próximas elecciones generales. En los pasados días no subió a la tribuna para defender sus Presupuestos Generales de 2016,que ya están encarrilados. Le dejó el sitio al implacable Montoro que maneja los números como un malabarista ante el asombro de sus adversarios, mientras él, el Presidente y gran jefe blanco no abrió la boca y así y al termino de la votación que derrotaba las enmiendas a la totalidad, se marchó tan campante al palacio de la Moncloa tras un breve saludo a la prensa a la que vino a decir como Camilo José Cela tras lanzar al aire la medalla del Nobel de Literatura: "¡ahí queda eso!".

El adelanto de la aprobación de los Presupuestos de 2016 le ha salido bien al PP, que pilló a contrapié a la oposición porque las cifras de la economía son buenas a estas alturas del año y tenían el viento a favor. Además en los pasillos de la Cámara baja corría el rumor optimista de que una encuesta interna de los populares los situaba sobre el listón del 30 % de los votos, porque estaban recuperando votantes que en los comicios del 24 de mayo se abstuvieron o votaron a otras formaciones para castigar con ello al PP y a Rajoy.

Pero Rajoy, después de aguantar las críticas internas de su partido por la notable pérdida de poder regional y local y sin hacer cambios de calado en el PP ni en su gobierno, se mantuvo impertérrito -la que es su postura favorita- y ahora continúa su camino en pos de los comicios catalanes del 27-S donde el PP centrará su campaña, con su candidato García Albiol, en la recuperación del voto catalán-españolista perdido.

Y a partir de ahí, y de lo que pase con el desafío de Artur Mas -los de Unió de Duran Lleida dicen que van a dar la sorpresa con 10 escaños en el parlamento catalán-, Rajoy abordará las elecciones generales de fin de año que los ministros del Gobierno ya están preparando para la fecha del 13 de diciembre, aunque no se descarta la del 20 del mismo mes para agotar al máximo la legislatura.

Rajoy, en esto de la política asombra y desespera. Es y se merece el título de ‘el español impasible’ -en recuerdo del film ‘El americano impasible’-, porque da la impresión a propios y extraños que no sufre ni padece, que casi todo lo que pasa a su alrededor le es indiferente y que se muestra imperturbable ante las adversidades. Ayer al término de la votación comentó en los pasillos del Congreso que lo de China no tiene mucha importancia. O mejor dicho, la tiene y si se suma a la crisis de Grecia mejor para el PP, porque Rajoy pensará que la incertidumbre económica internacional beneficia las posiciones electorales del PP una vez que su grito de guerra electoral y de terror es: "¡que viene el PSOE con Podemos para meternos en un corralito como el de Grecia!"

Ahí quedan esos Presupuestos en el Congreso, pendientes de trámites menores para su aprobación definitiva en septiembre, tras pasar por el Senado y la Comisión de enmiendas parciales, y ‘a otra cosa mariposa’. Lejos, salvo sorpresa de última hora de Bárcenas, quedan los casos de la corrupción, los fracasos electorales de la legislatura y cuestiones de distinto alcance, mientras el presidente -que dice que ya no fuma- hace aros de humo imaginario mirando al techo de su despacho presidencial satisfecho por el triunfo presupuestario.

En la oposición hay caras largas. Pedro Sánchez sabe que no le salió bien el debate con el duro Montoro, los grupos catalanes están en clave electoral, Rosa Díez se está despidiendo del Congreso y puede que de la política con cara de malas pulgas, Alberto Garzón hace cabriolas dialécticas a ver si se apiada de él Pablo Iglesias, mientras Cayo Lara disimula su final, y poco más.

Porque el país avanza hacia unas elecciones generales importantes -además de las catalanas- en las que ya no habrá mayorías absolutas y donde el bipartidismo -que se recupera lentamente y no demasiado- sabe que en 2016 tendrá que pactar y que el futuro Congreso de los Diputados será bien distinto al actual, sobre todo si entra de lleno en una reforma constitucional.

Y ¿quién será entonces el presidente del Gobierno? Eso no se sabe porque la llave de la gobernabilidad la tendrán las minorías y esta vez pueden imponer condiciones y ahí incluida la del inquilino del palacio de la Moncloa. Y eso también lo sabe Rajoy, pero no se inmuta, sigue quieto e impasible tal y como es él.