Montoro ganó el debate, a pesar de sus maneras

El ministro de Hacienda Cristóbal Montoro no es precisamente un fino estilista de la política y, como responsable de la fiscalidad, está en el rol de malo de la película en estos tiempos de vacas flacas y subidas de impuestos. Pero su mala imagen y rudos modales no le han impedido a Montoro, en el debate de los Presupuestos Generales de 2016, armarse de razón y dejar en evidencia al jefe de la Oposición Pedro Sánchez, al que calificó de "amenaza" para la 'recuperación económica de España' y 'la estabilidad política' del país por sus pactos en los gobiernos locales y autonómicos con Podemos y nacionalistas independentistas, tras los comicios del 24-M.

Pedro Sánchez buscó inútilmente el cuerpo a cuerpo electoralista con Mariano Rajoy -quien no se dignó a subir a la tribuna- al que tildó por su parte de ‘peligro para la economía del país’ con un discurso de corte muy progresista pero sin contenido económico veraz. Mostrándose Sánchez incapaz de reconocer la mejora de la situación económica de España, sin presentar su alternativa de Presupuestos para 2016 y sin explicar cómo lograría la estabilidad presupuestaria de convergencia con la UE que prometió que cumplirá si llega a la Moncloa.

Si Sánchez hubiera admitido los errores del Gobierno de Zapatero y las políticas (que él mismo apoyó como diputado, como se lo recordó el ministro de Hacienda), y las necesidades del ajuste presupuestario que nos exigía la UE y necesitábamos para salir de la crisis, en ese caso el líder del PSOE habría estado en condiciones de decirle a Rajoy, al PP y a Montoro, que todas esas políticas, impuestas por el Gobierno del PP ‘manu militari’ y a lo largo de la legislatura, se podían haber aplicado de otra manera, evitando las grandes zonas de pobreza, las altas cifras de la desigualdad y sufrimientos innecesarios para muchos españoles.

Pero Sánchez perdió credibilidad al negar la necesidad imperiosa del ajuste presupuestario español por causa de la crisis, sin reconocer los enormes errores de Zapatero -empezando por la negación de la crisis-, ni los que fueron sus recortes sociales en pensiones y funcionarios, o la reforma constitucional para garantizar la estabilidad presupuestaria, que Sánchez dijo que había que rectificar y que él mismo votó.

De ahí que su discurso cierto sobre el deterioro social del país y sobre la pobreza y la desigualdad pareciera necesitado del hilo conductor que debía arrancar del reconocimiento de los errores de Zapatero y debía concluir en un modelo de Presupuesto para 2016 alternativo al del PP, sostenible, detallado y convergente con las políticas de la UE.

Pero eso no ocurrió y le llevó a Sánchez a refugiarse, por enésima vez, en la corrupción del PP, recordándole a Rajoy los SMS a Bárcenas, la Púnica, Gürtel y Rato, lo que dio pie a Montoro para sacar los ERE de Andalucía en la multimillonaria estafa de los fondos del paro. Y a partir de ahí Montoro pasó al discurso de los pactos del PSOE con Podemos en ayuntamientos y autonomías, o con los nacionalistas secesionistas en Navarra y Cataluña, para finalmente calificar al líder de la Oposición de ‘amenaza para la recuperación de la economía y la estabilidad del país’.

Montoro es un político falto de maneras pero contundente. Con una experiencia probada -con Aznar y Rajoy- y muy duro de roer. Podría incluso, si su imagen y modales fueran distintos, ser una alternativa al mismísimo Rajoy pero no es lo suyo y nadie le va a perdonar la brutal subida de impuestos en esta legislatura, incluso criticada por Aznar.

Ese fue el atajo que, con el recorte del gasto social, escogió Rajoy para crecer a buen ritmo antes del fin de la legislatura. Pero ni siquiera ello le garantiza al PP la renovación del poder, a pesar de la debilidad de Sánchez o de sus pactos con Pablo Iglesias, porque este Gobierno a sus malos modales y duros ajustes añadió políticas de rupturas ideológicas (seguridad, educación, sanidad) y no hizo frente a la corrupción.

Y todo esto, como también la mejora de la economía, pesará en la balanza del final de esta legislatura y el inminente proceso electoral. Aunque en el debate de ayer Sánchez, que buscó desesperadamente el cara a cara con Rajoy, no logró su mejor intervención. Le ayudaron, eso sí, ‘las mandangas’ y los desplantes de Montoro con gestos y palabras de desprecio, muy en línea con el estilo de Rajoy. Pero Sánchez no salió bien parado del debate de Presupuestos de 2016 en el que en realidad no participó, porque solo buscaba rendimiento mediático y electoral que no sabemos si lo consiguió.