Tsipras adelanta las elecciones y hace bien

El primer ministro griego Alexis Tsipras ha presentado su dimisión al presidente de la república helena y ha anunciado la convocatoria de elecciones generales anticipadas, para someter el ‘tercer rescate’ de su país a la voluntad popular el próximo día 20 de septiembre.

Una vez más Tsipras ha dado una lección de democracia. Primero lo hizo convocando un referéndum en Grecia sobre las condiciones de un crédito puente para culminar el segundo rescate de Grecia por parte de la UE, lo que provocó las iras de Angela Merkel y de otros gobernantes de la Unión Europea que se entrometieron en la consulta griega y que fueron derrotados por el ‘no’ heleno a las pretensiones del Eurogrupo.

Posteriormente, y sabedor Tsipras que la UE no quería por nada del mundo la salida de Grecia del euro, se lanzó a una segunda y muy dura negociación para conseguir un tercer rescate que diera un horizonte de estabilidad a su país. Tsipras hizo concesiones, aceptó reformas y tuvo que aprobarlas en su Parlamento una y otra vez, después de soportar un penoso corralito financiero y una muy difícil situación de auténtica angustia política y social porque el país estaba al borde de la quiebra.

En ese largo y arduo camino el primer ministro de Grecia perdió los apoyos de un significativo sector de su partido, Tsyriza, del ala más radical que lideró su ex ministro Varoufakis, pero finamente consiguió que el Parlamento de Atenas aprobara sus reformas y el acuerdo del tercer rescate.

Algo parecido le ocurrió a su antagonista Merkel que acaba de aceptar el tercer rescate griego en el Bundestag alemán perdiendo también a parte de sus apoyos, en este caso más conservadores, de la Cámara de Berlín. Lo que no ocurrió en España donde el rescate heleno contó con casi la unanimidad de los diputados españoles, empezando por los del PP que tan hostiles fueron a Tsipras y su Gobierno.

Pues bien, ahora Tsipras ha disuelto su Parlamento y ha convocado unas elecciones generales anticipadas para someter a sus ciudadanos la gran decisión del tercer rescate. Y también para recomponer su mayoría de Gobierno y su propio partido, porque los disidentes de Syriza no estarán en sus listas y probablemente salgan de la política. Y eso era lo que Tsipras debía de hacer, democráticamente hablando, a pesar que incluye un indiscutible riesgo para él.

Y no porque Tsipras no tenga motivos suficientes para ser aplaudido por su pueblo una vez que ha conseguido el tercer rescate y un tiempo nuevo de estabilidad con nuevos apoyos financieros de hasta 86.000 millones de euros, para atender las necesidades helenas y cumplir con el pago de la deuda de su país. La que probablemente necesitará -mas adelante- una reestructuración o quita de una parte como lo afirma el FMI.

Sino porque en todo este tenso y acelerado proceso muchos de los que fueron sus seguidores iniciales, del ala izquierda de Tsyriza, se sienten decepcionados por Tsipras y no le votarán a pesar que los logros que alcanzó el primer ministro heleno son importantes. Sin embargo cabe imaginar que otros votantes del centro izquierda reconocerán la labor y la audacia de Tsipras y puede que, al final, el griego consiga alcanzar una mayoría similar o mayor que la que tuvo cuando asumió en Atenas la jefatura del Gobierno.

Habrá que esperar a ver qué ocurre el 20 de septiembre pero parece claro que Tsipras merece ganar. Sus logros lo avalan pero tampoco hay que olvidar el riesgo que corre. Ahí está en la Historia el ejemplo de Winston Churchill quien gano la II Guerra Mundial y poco después perdió las elecciones de su país, porque los ingleses consideraron que no era la persona adecuada para gobernarlos en tiempos de paz. Y eso podría ocurrirle a Tsipras, que demostró ser un audaz negociador pero falta por ver si los griegos lo consideran la persona adecuada para gestionar el tercer rescate que acaba de culminar.