Fernández Díaz no convenció

Puede que las cosas hayan ocurrido de manera mucho mas sencilla: que Rato llamó a Fernández Díaz para pedirle una mejora de su protección de escoltas durante sus vacaciones y el ministro le dijera a Rodrigo ‘vente al despacho y hablamos de ello’. Y hablaron de eso y de otras cosas, como dijo Rato. Pero el secreto del encuentro y el natural lío político posterior por un flagrante trato de favor a un imputado han recalentado el debate sobre la imprudencia del ministro de Interior.

Hasta el punto que puede incluso que el ministro de Interior Jorge Fernández Díaz haya empeorado su actual situación política en el caso de su entrevista secreta con Rodrigo Rato porque los tardíos argumentos de ‘seguridad’ que dio en el Congreso de los Diputados para justificar semejante trato de favor a Rato son escasos y poco creíbles. Y porque descalificó a la oposición llamándoles ‘irresponsables’ por pedir, como es su obligación, explicaciones al Gobierno sobre ese encuentro que a todas luces revela un trato de favor a un notable imputado para, presuntamente, tratar una cuestión de su servicio de escoltas, asunto que se lleva en niveles policiales y no el ministro de interior. Lo que hace sospechar que se habló de la corrupción y de los calendarios procesales ante de la proximidad de las elecciones generales.

Dijo el ministro de Interior Fernández Díaz que recibió a Rodrigo Rato el pasado 29 de julio por cuestiones de seguridad, dado que el ex vicepresidente del Gobierno había recibido amenazas e interpelaciones, sobre todo en Internet, y temía que le redujeran los escoltas durante las vacaciones de verano. Y que, por tratarse de una cuestión de seguridad, el ministro no había querido desvelar el contenido de dicha reunión y su presunto trato de favor personal a Rodrigo Rato.

Y todo esto, que se puede escribir en tan solo unas líneas, lo explicó Fernández Díaz a lo largo mas de una hora de impresentables justificaciones y autobombo personal para acabar llamando ‘irresponsables’ a los partidos de la oposición que acusaron al ministro de un trato de favor a Rato, que además de exvicepresidente del Gobierno está imputado en varias causas.

Estamos ante un caso flagrante de incompetencia, abuso e imprudencia política del ministro Fernández Díaz, cuya explicación es insuficiente, por lo que se mantiene la sospecha fundada de un trato de favor a Rato para cuestiones de su seguridad y de escoltas, lo que debió ser tratado en el solo ámbito policial, como se lo subrayó la oposición. Y que en todo caso no eran tan graves e importantes como para que el ministro se negara, desde el principio, a explicar la causa de su entrevista con Rato.

Bastaba un comunicado, hecho público el mismo día de la reunión, para decir que Fernández Díaz había recibido a Rato para hablar de las amenazas recibidas por Internet y la situación de sus escoltas. Por semejante aclaración no solo no habría afectado a la seguridad de Rato –la prueba es que al final el ministro lo ha contado- sino que la habría reforzado. Incluso el ministro podía haber informado de manera personal y discreta -como se ha hecho tantas veces en casos de seguridad- a los portavoces de los partidos políticos de la oposición si pensaba que estaba ante un caso importante de seguridad que obligaba a la discreción.

Pero el ministro ocultó la reunión, habló con Rato de cuestiones propias del nivel policial, y ha ofrecido la impresión de que estas cuestiones de seguridad se han podido instrumentalizar después del escándalo, dado que el propio Rato declaró que habían hablado ‘de toda’ su actual situación personal. ¿De todo? Pues eso quiere decir que se incluye su situación procesal.

En cuanto a calificar de ‘irresponsable’ la actuación de la oposición el ministro se ha vuelto a equivocar, porque ante la falta de información sobre la reunión con Rato la obligación de la Oposición era la de pedir explicaciones al Gobierno por semejante trato de favor. Que sigue siéndolo, porque para hablar de escoltas y de insultos y amenazas en Internet –de las que hay millones y para todos- no hay que visitar al ministro de Interior, ni tampoco para organizar el turno de sus escoltas durante las vacaciones de verano de Rato en los yates de Palma de Mallorca donde se le ha visto recientemente.

En contra de lo que pretendía, la impresión que dio el ministro Jorge Fernández Díaz, con su penosa declaración en el Congreso de los Diputados, es que hubo trato de favor a Rato y que el Gobierno puede estar coordinando con algunos implicados en la corrupción –e incluso con jueces y fiscales afines- la estrategia a seguir en los próximos meses ante la cercanía de las elecciones generales del otoño. Y esa sí que sería una explicación, además del trato de favor y de amistad que subyace en todo este asunto de tan misteriosa e inoportuna reunión.

Decíamos al principio que todo lo ocurrido pudo ser mas sencillo, un simple y a la vez inoportuno e impresentable trato de favor de Fernández Díaz a su amigo Rato, pero a la imprudencia inicial del ministro se ha añadido su peor explicación y de ahí el acalorado debate en el Congreso y su repercusión.