La larga escapada de Mariano Rajoy

El lamentable encuentro del ministro de Interior Jorge Fernández Díaz con el ex vicepresidente e imputado Rodrigo Rato -y la bendición de Mariano Rajoy- ha reabierto en de par en par el portón de los sustos del PP tras el que se esconden sus fantasmas de la corrupción. Y ello en vísperas de los comicios catalanes del 27-S que pueden ser la quinta derrota del PP de la legislatura (las europeas de 2014 y las andaluzas, municipales y autonómicas en 2015). Sin que esta secuencia, que Rajoy achaca al coste social del ajuste económico para la salida de la crisis, haya animado a Rajoy a asumir su responsabilidad. Convencido el jefe del Gobierno que solo él es la garantía de estabilidad política del país, de la salida de la crisis y la recuperación electoral del PP frente a los discursos del ‘cambio’ que enarbola la oposición.

Cuando lo más democrático y puede que práctico para el PP hubiera sido que, después de los citados fracasos electorales y asumiendo las responsabilidades del PP en la corrupción, Rajoy hubiera iniciado su retirada en un Congreso del partido –‘mírate al espejo’ le espetó el presidente de Castilla León, Juan Vicente Herrera- que el presidente se negó a convocar y sustituyó por una complaciente Conferencia Política negándose a la renovación del PP -como la efectuada por el PSOE- y a efectuar cambios en el Gobierno y el PP.

Y sabe Rajoy que todo ello le impedirá al PP una holgada victoria en las elecciones generales del otoño y a él alcanzar un pacto de investidura con Ciudadanos o el PSOE, para seguir en la Moncloa. Porque sabido es que ambos partidos no aceptarán a Rajoy como presidente del futuro Gobierno y que entonces su larga escapada se acabará.

Rajoy, agarrado al discurso del miedo como última tabla de salvación, denuncia los pactos del PSOE con Podemos en las autonomías y los ayuntamientos y descalifica a Albert Rivera como ‘pompa de jabón’ a pesar que Ciudadanos sí que pactó con el PP. Pero ahora el escenario es bien distinto y Rajoy sabe que él personalmente no será aceptado como candidato a la presidencia del Gobierno ni por Pedro Sánchez ni por Albert Rivera, por más que el PP resulte ser el partido más votado en los comicios generales del otoño. Pero, probablemente, con menos escaños que la suma del PSOE con Ciudadanos o con Podemos.

Los problemas de Rajoy para pactar son muy importantes sobre por sus políticas de ajustes y de reformas conservadoras -ley mordaza, educación, aborto, justicia, etc- y las responsabilidades políticas del presidente -‘Luis se fuerte, te llamo luego’, escribió por SMS Rajoy a Bárcenas- en los casos de corrupción del PP. Los que se reactivan sin cesar en los medios y los juzgados como ahora se ve con el reciente encuentro de Rato con el ministro Fernández Díaz.

Un encuentro secreto en despacho ‘oficial’ que el ministro califica de entrevista privada, lo que luego desmiente el propio Rato diciendo que se habló de su situación, es decir de su actual momento procesal en el que sufre la investigación judicial y de la policía que está a las órdenes del Ministerio de Interior. Otro error del Gobierno que reactiva el tema de la corrupción del PP, recientemente aireada por mas revelaciones de la trama Púnica, y las constantes exhibiciones de Bárcenas.

De manera que lo que construye el Gobierno con sus proclamas sobre la recuperación económica lo deshacen sus propios errores en relación con la corrupción y con decisiones nada ejemplares como nombrar al ex ministro Wert embajador ante la OCDE en París, o autorizar al ex fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce a desbordar la ley de incompatibilidades para integrarse en un despacho de abogados antes de cumplir los dos años preceptivos desde que abandonó el cargo de la fiscalía.

Da la impresión de que a Rajoy todo esto le da igual, mientras está a la espera de las elecciones catalanas donde el PP no parece tener buenas expectativas. Aunque en la Moncloa creen que la tensión con Artur Mas les beneficia de cara a las elecciones generales a igual que el discurso de la estabilidad y de la recuperación económica del país. Y puede que así sea en beneficio del PP pero no de Rajoy que difícilmente tendrá la oportunidad de pactar personalmente con PSOE o Ciudadanos incluso aunque ahora diga que acepta una reforma constitucional.