Pablo Iglesias pierde liderazgo y debe abrir un debate en Podemos

Pablo Iglesias y la cúpula directiva de Podemos deberían abrir, antes de las elecciones generales del otoño, un debate interno o reflexión política para clarificar y revisar su proyecto político. Porque todo apunta, y así lo dicen las encuestas electorales -la última del CIS los sitúa en el 15,7 %-, que están perdiendo a chorros apoyos electorales en toda España y con clara tendencia a seguir bajando lo que a buen seguro les empieza, y muy seriamente, a preocupar.

Entre otras cosas porque, en contra de lo que pregonaba Iglesias para atraerse el ‘voto útil’ de la izquierda y a jóvenes del centro, ya no son una alternativa creíble para ganar las elecciones generales del próximo otoño. Ni siquiera para liderar la izquierda porque el PSOE renovado de Pedro Sánchez se empezó a distanciar claramente de Podemos.

La buena acogida electoral que Podemos logró en su despegue político (a partir de las elecciones europeas de 2014) y la simpatía que habían generado en muchos medios de comunicación y amplios sectores de la sociedad española, incluso más allá de la izquierda y en ámbitos del centro político, se empieza a desinflar de manera constante. Y ello ocurre por causa de la confusión de su mensaje político y los errores -algunos de ellos pintorescos, en notables alcaldías como la de Madrid o Barcelona- que Iglesias y otros dirigentes de Podemos han cometido en últimos meses.

Pero sobre todo Podemos ha entrado en declive porque ha perdido el contacto con la realidad española y el compromiso con sus bases del 15-M -así lo denunciaron Monedero, Echenique y Rodríguez- en un intento inútil de conseguir votos del centro político liberal, e incluso de la derecha, con un golpe de timón oportunista basado en una calculada ambigüedad de su mensaje político donde no aparecen propuestas concretas y realistas sobre cuestiones de actualidad que son fundamentales en el especial momento político electoral español.

Veamos un caso práctico en relación con el presunto y desaparecido republicanismo de Podemos. El día que Pablo Iglesias se acercó al Rey Felipe VI en el Parlamento Europeo para regalarle, entre bromas, una colección de vídeos de la serie ‘Juego de Tronos', Iglesias se comportó ante el Rey como un adulador. Imaginamos que para ser recibido en el palacio de la Zarzuela donde había pedido audiencia, hasta ahora sin éxito, en pos de aumentar su notoriedad y de hacer legitimar como politico y un partido consolidados en la sociedad española.

Pero ¿por qué negar y ocultar la condición republicana de Podemos? Pues para evitar que los acusen de rupturistas y para intentar atraer a los votantes del centro y la derecha porque a primeros de 2015 creyeron que podían ganar las elecciones generales del otoño y que todo valía para sumar votos, aunque renunciaran a las señales más significativas de la identidad de Podemos. Y el resultado no ha podido ser peor: no han logrado atraer a los votantes del centro y la derecha y a la vez han desconcertado a sus bases. Y las encuestas que a primeros de año les daban un 28% de intención de voto se han desinflado y ahora están en torno al 15% y con tendencia a la baja.

Y luego está su permanente ceremonia de la confusión programática en la que dijeron que harían ‘saltar el candado’ de la Constitución de 1978 -¿cómo hacer eso con un 15% del electorado?- , sin explicar las reformas que pretenden tanto en el ámbito del modelo político como en el institucional y territorial. Ahí incluida la cuestión catalana donde Iglesias se niega a responder sobre cuál sería su posición si Artur Mas obtiene una mayoría de escaños en los comicios del 27-S y declara la independencia de Cataluña. A lo mejor su estrategia para romper el candado constitucional consiste en apoyar la secesión.

De momento lo más que dicen sobre el soberanismo nacionalista es que Podemos defiende el derecho de autodeterminación catalán (del que se apartó recientemente el PSC) y que imaginamos extienden a otras regiones y localidades de España como el País Vasco, Galicia, Baleares, Aragón, Canarias, etc, lo que provoca gran inquietud en la sociedad española.

Sobre sus programas económicos no sabemos donde están. Pasaron de un sueldo público para todos los ciudadanos a un sueldo público para los más afectados por la crisis, idea que les ha copiado el PSOE. Dijeron que el Estado no debería pagar la deuda pública y luego hablaron de su reestructuración. Y no explican cómo piensan, si aumentaran el déficit público con mayor gasto social, pagar la deuda y cumplir con los objetivos de déficit que pide a la UE para permitir a España seguir financiándose en los mercados internacionales a costes aceptables. Véase lo ocurrido con Grecia y el silencio de Iglesias que no sabemos si está con Tsipras o con Varaufakis.

En el plano interno de Podemos, Iglesias ha impuesto su ley de ‘listas en plancha’ para colocar a toda su dirección al frente de las candidaturas provinciales de cara a las elecciones generales en unas ‘primarias’ con muy escasa participación entre los seguidores inscritos para votar. Y ha roto las relaciones con Izquierda Unida, lo que les ha costado muy duras críticas de amplios y notorios sectores de la izquierda cultural.

Como consecuencia de todo ello Iglesias ha escogido el camino de una ruptura y confrontación social, como hecho diferencial de Podemos, y ha mostrado su cara más áspera y agresiva ante la opinión pública y los medios de comunicación a los que agreden cuando alguien se atreve a discrepar o criticar sus errores y actitudes. Ahí está el caso de la página web del ayuntamiento de Madrid que han tenido que rectificar como tantas otras cosas. Incluida la promesa de no pactar nunca con ‘la casta’ del PSOE, como se ha visto en todos los acuerdos alcanzados con los socialistas tras los comicios del 24-M.

Todo ello obliga a Iglesias a una reflexión y a una aclaración de lo que es su proyecto político y ahí incluida su relación con IU a los que trató de muy mala manera. Si no lo hace el deterioro electoral de Podemos aumentará en beneficio del PSOE y al final se quedarán en posiciones similares a las que IU, en tiempos de Julio Anguita, consiguió.

Es cierto que Podemos ha supuesto un revulsivo y un impulso en la vida política española que ha obligado a otros a rectificar y reaccionar. Pero ellos en lugar de avanzar han ido hacia atrás y están entrando en el error de culpar a otros de sus propios errores lo que aumentará su deterioro y su frustración. A no ser que en vez de intentar un cambio político en España tal y como lo pregonan, al final los dirigentes de Podemos se conformen con cambiar sus despachos de profesores de Universidad por escaños del Congreso de los Diputados con un plus de pública notoriedad. Y todo ello tras dejar en la estacada a las bases sociales que los lanzaron al estrellato en pos de un cambio político que al día de hoy no están en condiciones de liderar.

Pablo Iglesias tiene que rectificar ante los suyos y ante la sociedad, tanto sus políticas y programas como sus modales públicos, y no tiene mucho tiempo para ello. De ahí que debería convocar una conferencia política o convención que aclare la situación de su partido e incluso que aborde su estrategia de pactos electorales y ahí incluida la que ha sido su pésima relación con IU.