Grecia no paga al FMI y el BCE medita cerrar el grifo

Dos espadas -como la de Damocles- penden de sendas crines sobre Grecia y el Euro, camino del referéndum crucial del próximo domingo donde los griegos decidirán si aprueban las condiciones del rescate que impone el Eurogrupo a Atenas, o si deciden abandonar el euro y puede que también la UE.

Y de paso sobre si Alexis Tsipras sigue o no al frente del Gobierno heleno que podría entrar en crisis y en un largo período electoral. De ahí que lo mejor para todos sería que la UE mejore su oferta a Grecia -el Eurogrupo se reúne esta mañana otra vez- y que, en consecuencia, Tsipras apoye el ‘sí’ en el referéndum y los griegos opten por seguir en el euro y la UE, lo que también sería muy beneficioso para la Unión.

Pero está claro que la partida de póker que libran Tsipras y Merkel está lejos de concluir y puede que dure hasta el sábado, una vez que al fondo de todo ello está de por medio una batalla política e ideológica entre el llamado gobierno ‘populista’ de Atenas y el modelo tradicional de Berlín. Y lo que cada uno representa en el convulso mapa europeo.

De momento, Grecia ha entrado en el impago de la deuda al no cumplir su obligación -que expiró anoche a las 24 horas- de pagar al FMI cerca de 1.600 millones de euros que debían ser devueltos por Atenas. Como consecuencia de este inicio del ‘default’ griego, el FMI los ha situado en la lista de morosos de la institución y puede que ello implique que el Banco Central Europeo (BCE) suspenda las ayudas a los bancos griegos a partir de este miércoles.

Lo que aumentaría la tensión en la ciudadanía y podría jugar en favor del ‘sí’ por el miedo que genera la falta de dinero; o del ‘no’ porque ello se podría interpretar como una agresión al pueblo griego y Tsipras no dudaría en hacer un llamamiento al pueblo heleno para luchar en este imaginario y repetido escenario de 'Las Termópilas'.

De hecho la campaña del referéndum ya ha comenzado dentro y fuera del territorio heleno con manifestaciones ciudadanas a favor de una y otra opción, y llamamientos a favor del ‘sí’ de primeros gobernantes que utilizan el discurso del miedo a la salida del euro. Juego bastante peligroso con el que los primeros dirigentes de la UE intentan ocultar su propio miedo a la incertidumbre que se cierne sobre el euro y la propia Unión Europea, en caso que Grecia empiece a hacer las maletas de su definitiva marcha, camino del dracma y de nuevas alianzas en la escena internacional para sacar a su pueblo del laberinto infernal en el que están.

Si Berlín y los primeros aliados de Merkel se mantienen en sus trece y abordan el problema como una cuestión meramente económica se van a equivocar, porque el problema griego, aunque gane el ‘sí’ y se marche Tsipras, no se va a arreglar de manera definitiva.

Y la nueva austeridad que ahora les impone el Eurogrupo impedirá el crecimiento de Grecia y otra vez aparecerán la frustración ciudadana y la indignación. Y, en ese caso, Tsipras volverá y Grecia entonces se irá de la UE, dejando abierta la puerta de par en par por si algún otro país los quiere seguir (como Gran Bretaña tras su referéndum de 2016).

Están todos, unos y otros, jugando con el fuego sagrado del Olimpo y al final se pueden abrasar porque no está Europa, ni el mundo en general, para abrir grandes fracturas institucionales. Y menos aún un país como España donde a la crisis económica, moral e institucional se le añade un tiempo de inestabilidad política y difícil gobernabilidad.

Motivos suficientes para que los partidos constitucionalistas (PP, PSOE y Ciudadanos) mantengan, y especialmente el presidente Rajoy, una prudencia exquisita ante la crisis de Grecia sin avivar rupturas porque si hay ruptura el contagio llegará a España -ya está llegando- diga lo que diga el presidente del Gobierno sobre los presuntos cortafuegos desplegados por su gestión.

De manera que tengamos la fiesta y el referéndum griego en paz, y a ver si en Moncloa evitan disparates como el de la ministra Tejerina que ha dicho: ‘ojo con las urnas porque son peligrosas!’ (sic). Peligroso es ascender al gobierno de la nación a quien habla así. Cuidado pues con la crisis griega, que se puede convertir en una bomba de racimo de las que nadie controla ni sus objetivos ni su capacidad de destrucción.