Cifuentes recupera el discurso del centro

La próxima presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, está llamada a tener un mayor protagonismo en la vida política española y en el seno del Partido Popular, tanto en Madrid como en su dirección nacional. Y ese protagonismo crecerá a partir del inicio de la próxima legislatura 2016-2020 una vez que concluyan las elecciones generales de finales de año, tras las que se espera un gobierno de coalición aunque nadie sabe entre quiénes y bajo qué presidente.

Quizás ella no es consciente de esta situación y la responsabilidad que se le viene encima porque ahora su prioridad y compromiso están ubicados en la Comunidad de Madrid. El lugar donde pronto será investida presidenta tras su pacto con Ciudadanos y el buen resultado logrado en los comicios del pasado día 24-M donde lideró, desde la soledad (Aguirre la marginó en la campaña del PP madrileño), un buen discurso político en fondo y forma y en pos de la mayoría social madrileña que ahora sustenta su presidencia.

No sabemos si le hacemos un favor a Cifuentes si le decimos que, con su discurso moderado, dialogante y de centro -en línea con el que otrora hizo el mejor Gallardón-, le está enseñando a Mariano Rajoy el mejor camino para afrontar la cita electoral del otoño. Porque sabido es que al presidente del Gobierno y del PP no le gustan las lecciones de nadie o los consejos y que le llegan desde otros compañeros de su partido. De hecho hizo añicos el espejo de la vanidad y la vejez que le ofreció Juan Vicente Herrera y en el PP solo manda él y por eso se llevó la campaña electoral al palacio de la Moncloa.

Pero el discurso y el talante de Cifuentes, que le han permitido pactar con Albert Rivera en Madrid, debería ser apreciado por los protagonistas de la Conferencia que el PP ha convocado para los días 11 y 12 de julio. Y ello muy a pesar que la guardia pretoriana de Rajoy impondrá el discurso y el programa de la ‘ley de hierro’ -la ‘dama de hierro’ quiso ser Aguirre con su remedo de Thatcher- y del miedo al cambio y la oposición, relegada en los discursos de Rajoy a batiburrillo de los radicales. Los que, dicho sea de paso, acaban de causar al PP importantes bajas y pérdida de poder, lo que puede ser decisivo en la batalla final del otoño que huele a Waterloo.

En su discurso de investidura Cristina Cifuentes ha mirado a los ojos de los desamparados de los que se olvidó el Gobierno de Rajoy, dictó ‘tolerancia cero’ a la corrupción -como la que manó bajo los mandatos madrileños de Aguirre y González-, anunció la bajada de impuestos a las clases medias y ofreció diálogo a la oposición. Y lo hizo evitando alusiones frentistas como las que utilizó Aguirre en su campaña electoral para, finalmente, encumbrar a Manuela Carmena y empujar al PSOE hacia el infierno del PASOK. El lugar de donde Pedro Sánchez quiere escapar cual ‘Ave Fénix’ y a bordo un ultraligero con alas pintadas con la bandera de España, que ya veremos si aguantan la embestida de Podemos y Ciudadanos para no derretirse como las de Ícaro por los rayos del sol.

En España el secreto a voces de la política está en el centro, como lo acaba de recordar Cifuentes camino del primer despacho de la Puerta del Sol. En la Moncloa lo saben pero lo ignoran, porque ese talante y esa moderación no es el estilo del líder, que prefiere la estrategia de la confrontación en un país dañado por la crisis, curado de espantos y descreído de la proclamada recuperación económica y social que todavía está por llegar a los sectores más dañados de la sociedad.