Comienza el cambio y la pérdida de poder del PP

El cambio político que emana de las elecciones del pasado 24 de mayo ya está en marcha, se consumará en los ayuntamientos de toda España el sábado día 13 y posteriormente en los pactos de gobierno en las Comunidades Autónomas, entre los que se incluye la investidura concluida de Susana Díaz como presidenta de la Junta de Andalucía. Un cambio general y territorial importante que se convierte en la antesala de las elecciones generales del próximo otoño y de un posible y futuro cambio político a nivel nacional.

Como consecuencia de estos cambios y pactos políticos territoriales que ahora se inician el PP perderá una parte muy significativa de su poder regional y local en el beneficio del PSOE y de otras fuerzas políticas y movimientos sociales, mientras Podemos y Ciudadanos entran en las instituciones con fuerza, siendo el partido de Albert Rivera una pieza clave de los pactos de gobernabilidad con el PSOE y el PP.

A la espera del cierre de los acuerdos aún pendientes el Partido Popular perderá los gobiernos autonómicos de Valencia, Aragón, Baleares, Extremadura, Castilla La Mancha y Cantabria y probablemente importantes capitales de provincia como las de Madrid, Valencia, Sevilla y La Coruña, y otras más. Mientras los socialistas van a gobernar en las citadas Comunidades que pierde el PP más Asturias y Andalucía (donde ya gobernaban) y también en importantes municipios. El PP conserva, no obstante, los gobiernos autonómicos de Madrid, Castilla León, La Rioja, Murcia y Galicia y capitales de provincias, pero pierde el grueso del que fuera su inmenso poder territorial.

Asimismo, destaca la presencia de movimientos sociales, aliados con Podemos en las capitales de Madrid, Barcelona, Valencia y La Coruña, y sobre todo un cambio importante en beneficio de los nacionalistas en Navarra y País Vasco, incluida la alcaldía de San Sebastián que pierde Bildu en favor del PNV. De igual manera que CiU pierde la ciudad de Barcelona y ERC asciende en muchas Alcaldías catalanas.

Estamos sin duda ante un vuelco importante del poder territorial del Estado que en los comicios de 2011 había sido ocupado en una gran parte por el PP. Partido que ha resultado ser el gran perdedor de las elecciones del 24-M, por más que en muchas autonomías y municipios fueran la lista más votada, lo que no le ha valido mucho al PP. Especialmente por su incapacidad de lograr acuerdos con el PSOE, tras los que fueron muchos enfrentamientos políticos entre los dos ambos partidos a lo largo de la legislatura, por causa de las maneras autocráticas del gobierno del PP, sus recortes en democracia y libertades y sus malas relaciones con la Oposición.

Y también porque sus políticas de duros ajustes económico y social han provocado una rebelión social, a la que se han añadido muchos casos de corrupción del PP -los que no dejan de crecer-, por lo que a la indignación del paro y de las bolsas de pobreza del país se sumó el ruido de los grandes escándalos, muchos de los cuales están llegando ahora a los tribunales para iniciar el juicio oral.

La cuestión que ahora se plantea es como van a funcionar los nuevos gobiernos y los pactos de estabilidad que los sustentan y qué influencia van a tener de cara a las elecciones generales del otoño próximo, si es que se celebran en esa fecha una vez que caben tres posibilidades: que Rajoy las mantenga en el mes de noviembre; que las adelante para hacerlas coincidir con las autonómicas catalanas del 27 de septiembre si Artur Mas confirma la convocatoria; o que las atrase hasta 2016 con un agotamiento extremo de los plazos del final de la legislatura.

En todo caso parece que Rajoy no es partidario ni de las prisas ni tampoco de hacer grandes cambios en su Gobierno y en el PP -ayer desinfló las expectativas- y cree que la mejora del crecimiento económico y del empleo le permitirán recuperar la iniciativa y a buena parte de su electorado, mientras los nuevos gobernantes de las autonomías y ayuntamientos van a sufrir un serio desgaste y deterioro. Entre otras cosas porque las dificultades presupuestarias les impedirán cumplir muchas de sus promesas electorales y porque también sufrirán desavenencias entre los distintos socios de sus respectivos gobiernos.

Rajoy pues insiste en no darse por enterado de lo ocurrido el 24-M y piensa que esta pérdida de poder puede ser comparable a un movimiento estratégico en un hipotético tablero de ajedrez donde se entregan algunas piezas al adversario (un Gambito, se dice) para luego ganar la partida. Sin duda una estrategia optimista y arriesgada que cuenta con los errores de sus adversarios y la esperada bonanza económica y su reflejo directo en el conjunto de la sociedad. Lo que no parece tan claro como lo imagina el presidente pero que solo el tiempo lo desvelará.