Rivera dirá sí a Susana y Cifuentes, bajo el volcán

A Albert Rivera le gusta decir que ésta es ‘la hora de los estadistas’. Muy alto apunta el joven líder de Ciudadanos porque nos conformaríamos con la hora de los demócratas, las libertades plenas y el fin de la corrupción. Objetivos que no están hoy día al alcance de nadie, visto el deterioro social e institucional del país como la consecuencia de un fin de Régimen que requiere una reforma de la Constitución.

Buena prueba de todo ello reside en que Ciudadanos se prepara para votar en las Comunidades de Andalucía y Madrid en favor de las dos candidatas respectivas a la investidura, Susana Díaz (ya confirmada) y Cristina Cifuentes, bajo el volcán de los nuevos escándalos de corrupción en ambas Comunidades. En momento en que la policía detiene a altos cargos de la Junta andaluza, y mientras acaba de estallar en el PP madrileño una nueva derivada de la trama Púnica, con lo que las líneas rojas que Rivera ha pintado en el suelo de los pactos han quedado un tanto difuminadas y a expensas de los compromisos de enmienda de Díaz y Cifuentes.

Pero entendemos que Ciudadanos, como minoría emergente ya instalada en los ayuntamientos y comunidades, considere oportuno facilitar la gobernabilidad de Andalucía y Madrid, dada la grave situación general española y de acuerdo con sus compromisos electorales y su estrategia política que les obliga a dar pruebas de la utilidad e importancia de los votos recibidos. De lo contrario en las próximas citas electorales volvería a funcionar el voto útil del bipartidismo si se demuestra que los partidos emergentes no sirven para nada más que para criticar o bloquear las instituciones. De ahí que parezca razonable la decisión ‘salomónica’ de repartir sus apoyos entre el PSOE y el PP, lo que por otra parte tendrá efectos colaterales en el seno de ambos partidos.

En el PSOE porque Susana Díaz es la ‘adversaria interior’ de Pedro Sánchez y la defensora de un discurso españolista y nacional contrario al frentismo en el seno de la izquierda. Y porque la presencia de Ángel Gabilondo, sentado en los escaños de la oposición de Madrid, constituye un fracaso para Sánchez porque apostó por el profesor que le habían endosado Felipe González y el Grupo Prisa tras laminar a Tomás Gómez.

Derrota socialista en Madrid, incluso en el Ayuntamiento, donde Manuela Carmena impuso su liderazgo a Antonio Miguel Carmona. Y temblores en la sede socialista de Ferraz por la pretensión de Podemos de apoyar a Mónica Oltra (de Compromís) para la presidencia de la Comunidad de Valencia y a Pablo Echenique (Podemos) en la de Aragón. Lo que finalmente con razón ha sido roto por el PSOE valenciano, incluso en el ayuntamiento valenciano, ante la clara tomadura de pelo de Podemos y Compromís al Partido Socialista.

Eso sí el PSOE no podrá atacar a Ciudadanos con credibilidad después que Rivera diera su apoyo a Díaz en Andalucía. Y vamos a ver qué ocurre en Valencia porque el PSOE y Ciudadanos podrían superar, con la abstención del PP, el pacto de Podemos y Compromís lo que aumentaría el debe de Pedro Sánchez con Ciudadanos.

Como no podrán Rajoy, ni sus adláteres, seguir descalificando a Ciudadanos y a Albert Rivera si finalmente les salvan la Comunidad de Madrid y algunas otras, como La Rioja, Murcia y Castilla León, además de varios ayuntamientos. Máxime si los populares siguen empeñados en renovar el gobierno nacional con un pacto de centro-derecha en el próximo otoño y una vez que se despejen los calendarios de las elecciones catalanas y generales sobre los que se están haciendo toda clase de cábalas.

Lo que sí parece claro es que Ciudadanos, con su actitud colaboradora a izquierda y derecha, ha reafirmado su centralidad en menoscabo de un PP muy conservador y un PSOE que se acerca a Podemos, aunque el turno de los pactos aún está lejos de concluir, especialmente en Valencia y Aragón. Pero a sabiendas Albert Rivera que si Mas adelanta las elecciones plebiscitarias catalanas al 27 de septiembre y Rajoy no adelanta las generales a esa misma fecha, Ciudadanos tendrá una excelente oportunidad en los comicios catalanes en menoscabo de PP, PSC e incluso de CiU. Y ello lanzará a Rivera como una opción importante para las elecciones generales de fin de año.

Y camino de la legislatura 2016-2020 en la que si será ‘la hora de los estadistas’, porque en ese tiempo habrá que luchar por la salida de la crisis económica, la lucha contra el paro y la pobreza y la reforma constitucional sobre la que Albert Rivera tiene propuestas democráticas muy claras que sin duda intentará presentar para que sean pactadas y apoyadas por los demás.